¿Fascismo y Guerras Mortales, o Revolución Comunista?

Los Ángeles (EE.UU.), 28 de marzo de 2026— ¡Los trabajadores industriales y los soldados liderarán a las masas para acabar con el fascismo con una revolución comunista!

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25 de octubre— “Ante la devastación nuclear, las masas se volcarán a producir alimentos colectivamente y sin dinero. Los compartirán según las necesidades. Será el comunismo”, señaló un camarada.

“La gente vivía así antes. Cultivaban alimentos y los compartían con. No había intercambio de dinero. Era una mejor forma de vida”, respondió un amigo.

“Si algún imperialista utiliza armas nucleares, las masas mundialmente se alzarán. Exigirán el fin del capitalismo mortífero. Lucharán por la revolución comunista”, afirmó otro camarada.

“Si bombardearan Irán con un arma nuclear "táctica", EE.UU. no lograría controlar el país sin una fuerza masiva de tropas terrestres. No se puede conquistar una nación desde el aire. Los gobernantes estadounidenses se enfrentarían a rebeliones dentro de sus propias filas. Pasaría lo mismo con otros gobernantes”, añadió otro amigo.

Un arma nuclear “táctica” mataría a todos en un radio de 80 km. Dispersaría toxinas radiactivas a gran escala en la atmósfera. Usan el término “táctico” para ocultar la realidad y empujarnos a la pasividad. Planean una masacre racista a gran escala.

No existen las probabilidades de ponerle fin a la guerra entre EE.UU. e Irán con la diplomacia. Irán forma parte del bloque liderado por China y Rusia, que desafía al imperialismo estadounidense —hoy en declive— por la hegemonía mundial. Esto exige un nuevo reparto del mundo que conlleva una guerra a escala global.

En el siglo XX hubo dos guerras mundiales. Los vencedores de la segunda —la Unión Soviética y el imperialismo estadounidense— se repartieron el mundo en la Conferencia de Yalta de 1945. EE.UU. se convirtió en la potencia imperialista dominante.

Hoy, China surge como el principal rival de EE.UU. y del occidente. Esta rivalidad conduce a una Tercera Guerra Mundial. China aspira a un nuevo reparto del mundo, bajo su propia hegemonía.

La historia muestra que ninguna potencia imperialista dominante cede su lugar sin pelear. Las potencias emergentes cuentan con mayor margen de maniobra. Pero, tampoco se rendirán sin combatir.

La guerra se convierte en la única opción. Así la cuestión que enfrenta el imperialismo estadounidense es qué tipo de guerra librar: ¿una convencional o una nuclear “táctica”?

Una invasión convencional de Irán requiere entre uno y dos millones de soldados. Reunir tal fuerza tomaría seis meses o más. Los EE.UU. intentan convencer aliados que peleen por ellos. No hay un lugar donde puedan concentrar una fuerza de tal magnitud fuera del alcance de los misiles y drones iraníes.

Irán tiene un territorio extenso y montañoso y un ejército considerable. Si se lograra tal fuerza liderada por EE.UU., derrotar a Irán—si es que fuera posible— llevaría meses, quizás años. El abastecimiento de una campaña de estas resultaría imposible.

¿Es la única opción de los imperialistas estadounidenses el uso de armas nucleares “tácticas” contra Irán? Esta cuestión ya se discute abiertamente. Trump y Netanyahu amenazan a Irán. Si nadie cede, esas amenazas se materializarán.

Los gobernantes no pueden hacer la guerra sin el consentimiento obrero. Una lección fundamental de la derrota estadounidense en Vietnam fue que muchos soldados se negaron a matar y morir por el imperialismo de EE.UU.

Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados rusos no se limitaron a resistir: desertaron para unirse a la lucha por la revolución en Rusia. Los trabajadores y soldados son, en última instancia, las armas decisivas.

La guerra es la lógica letal de un sistema basado en la competencia por las ganancias. Los capitalistas compiten y pelean por la fuerza de trabajo del obrero, por los recursos naturales y por cuotas de mercado. Nuestra fuerza de trabajo —adquirida por los capitalistas a cambio de un salario— es, para ellos, la mercancía más importante.

Para acabar con la esclavitud asalariada y las guerras genocidas, tenemos que destruir el capitalismo y su sistema de salarios y abolir el dinero con una revolución comunista. Como trabajadores libres, produciremos únicamente para satisfacer las necesidades de las masas.

Así compartiremos el mundo: sin fronteras ni naciones, sin racismo ni sexismo, creados por los explotadores para dividirnos. Sin dinero. ¡Se acabarán las guerras imperialistas por el reparto del mundo!

Hoy, esto significa difundir ideas comunistas mediante la distribución de Bandera Roja , organizar la lucha de clases comunista y reclutar a millones —especialmente soldados, trabajadores industriales, jóvenes y estudiantes— para el Partido Comunista Obrero Internacional.

Carta: De Bihar a Isfahán: Esperanza en un Futuro Comunista

Amigos en Isfahán no podían dejar de mirar las fotografías en Bandera Roja de Bihar (India) y residentes árabes y judíos en Tel Aviv. Transmiten un mensaje poderoso que contrasta con las canciones que escuchamos que conmemoran al carnicero de Teherán. Una ofrece la esperanza de un futuro comunista, sin fronteras ni opresión. La otra representa el intento desesperado por revivir un capitalismo decadente y en ruinas, aferrándose al fascismo y a guerras dirigidas contra nuestra clase.

La historia de nuestras camaradas nos inspira. Seguimos de cerca su lucha en Nueva Delhi. Las condiciones son idénticas en Teherán, Isfahán, Tabriz, Mashhad y en cualquier otra localidad o ciudad de Irán. Desempleo masivo, una precariedad creciente y una pobreza extrema. En Nueva Delhi como en Teherán, un puñado de individuos inmensamente ricos ha erigido centros comerciales exclusivos, hoteles de cinco estrellas, complejos residenciales de lujo —auténticos palacios amurallados— y restaurantes de precios exorbitantes.

El desempleo es tan grave que agencias de contratación fraudulentas, financiadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, exigen a las mujeres desempleadas que adjunten fotografías sugerentes a sus currículos. Estas agencias seleccionan a dichas mujeres para emplearlas como prostitutas en países del Golfo, Estambul, Rusia y Asia Central.

Mi padre, el único sustento de la familia, ha visto cómo su salario mensual se desplomaba de 104 a 36 dólares. Tras la declaración de una “guerra económica” contra Irán por parte del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, las refinerías de petróleo operan al 20 % de su capacidad. Los salarios están cayendo en picado. Los productos básicos se han vuelto inalcanzables para las masas. Irán tiene abundantes reservas de gas; por eso, al caer la noche, los centros comerciales, supermercados, pequeños comercios, restaurantes y cafeterías permanecen intensamente iluminados. Sin embargo, apenas se ve un solo cliente. Parece una ciudad fantasma.

Fui al mercado con mi padre. Los precios habían subido incluso respecto al día anterior, así que nos limitamos a adquirir solo lo esencial. Al ver mi expresión, mi padre comprendió que no podíamos permitirnos todo lo que habíamos puesto en la cesta. Tuvimos que devolver el azúcar, el aceite y la pasta de dientes, reduciendo el total de $5.46 a $3.20. Aun así, hubo que pagarlo con una tarjeta de crédito cuyos intereses aumentan día a día.

Vemos en la televisión al presidente Pezeshkian y al ministro de Asuntos Exteriores, Araghchi, recorriendo el mundo en sus aviones privados, cerrando tratos con países imperialistas y con las monarquías petroleras.

¿Cómo pueden los trabajadores, los soldados y las masas iraníes en general sobrevivir con salarios de miseria y enarbolar la bandera de Irán? Pero esa es la realidad. La ideología islamista ejerce cierto control sobre las masas. Pero al igual que ocurrió en las protestas de Nueva Delhi, esta ideología es sumamente frágil.

Las masas tienen hambre. La bandera iraní no las va a alimentar. De hecho, las matará.

Estoy leyendo las ideas del PCOI más profundamente. Aunque estoy de acuerdo con ellas, todavía sigo aprendiendo. Los relatos que aparecen en Bandera Roja resultan muy inspiradores; estoy seguro de que inspiran a personas en todas partes.

He llegado a la conclusión de que las masas iraníes, durante el levantamiento que derrocó al Sha proimperialista en 1979, sustituyeron a un tirano por otro, bajo una ideología islamista revestida de capitalismo nacionalista. Es hora de poner fin al dominio de todos los tiranos.

Mi próxima carta incluirá saludos de otras personas de mi ciudad que piensan como yo.

— Un lector en Irán

Lee Nuestro Folleto: “Soldados, Marineros, Marines: Cruciales para la Revolución Comunista”

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