Francia: De la Rebelión a La Revolución Comunista

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París, 29 de septiembre del 2026 estudiantes de preparatoria— Los carteles dicen: “Más dinero para la educación, no para las armas”, y “¿Qué está haciendo el ministro de Educación Édouard Gaffray”, y (a la izquierda) ataque grosero contra los fascistas.

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De la Rebelión a la Revolución

20 de octubre— Las protestas masivas siguen sacudiendo a Francia después de que unas 800,000 personas, entre trabajadores y jóvenes, salieran a las calles el pasado fin de semana. Están enojados por el aumento del costo de vida, impulsado por los altos precios del combustible debido a la guerra de EE.UU./sionista contra Irán. Y por el deterioro de las condiciones en escuelas, universidades y servicios sociales.

Muchos también están indignados por el genocidio en Palestina. Y se sienten inspirados por el movimiento global en su contra.

En una encuesta reciente, el 98% de los encuestados dijeron que estaban insatisfechos con el estado actual de Francia. Es tanto una crisis económica como política. Muchos ven poca esperanza de cambio dentro del sistema actual.

Tienen razón. El capitalismo no tiene nada que ofrecer a las masas más que ataques, muerte, división y devastación. Ningún político – desde la fascista abierta Marine LePen hasta los socialistas de Francia Insumisa pueden cambiar eso.

El presidente Macron está atrapado entre las demandas de las masas y las demandas de los grandes inversores en el mercado de bonos. Es una lucha de clases. Y el estado sirve a los capitalistas, quienquiera que lo gobierne.

Solo la revolución comunista puede barrer este sistema mortal. Y abrir el camino para que las masas construyan una sociedad comunista que satisfaga nuestras necesidades.

Solo un partido comunista de masas, internacional, profundamente arraigado entre trabajadores, estudiantes y soldados puede liderar esa revolución y construir esa sociedad. La mejor manera de apoyar la rebelión en Francia es construir el Partido Comunista Obrero Internacional (PCOI) dondequiera que estemos. Para difundir ideas comunistas y construir colectivos del PCOI.

Estudiantes inmigrantes de la clase trabajadora lideraron el camino.

La ola de protestas comenzó en septiembre con estudiantes de secundaria en suburbios principalmente inmigrantes y de clase trabajadora de París.

Protestaban contra condiciones racistas como instalaciones deterioradas, clases sobrepobladas y escasez de profesores. El movimiento se extendió rápidamente a otras ciudades.

Los bloqueos estudiantiles y las manifestaciones reflejaban una creciente sensación de que el Estado no puede proporcionar la educación y las oportunidades que los jóvenes necesitan. No puede. Necesitan derrocar al Estado capitalista. Ninguna escuela capitalista dará a los jóvenes las herramientas —las ideas y la organización comunista— que necesitan para hacerlo. Por eso los jóvenes activistas antiapartheid en Sudáfrica en los años 80 pedían “liberación antes que educación.”

Las protestas estudiantiles se vieron reforzadas por una huelga nacional del sector público (incluyendo profesores y personal escolar) contra los recortes presupuestarios previstos por el gobierno. Lo que aumentó la furia de las masas, fue el despliegue de ejércitos de policías para reprimir brutalmente a los jóvenes. Arrestaron a miles y dejaron cientos de heridos. Un joven de 15 años perdió una mano a causa de una granada aturdidora de la policía. Un joven de 14 años perdió la mandíbula por un bidón de gas lacrimógeno.

Pero la policía no ha sofocado las rebeliones. El ministro del Interior admitió que “perdieron el control” en algunas ciudades.

El 5 de octubre fue el tercer día de movilización nacional. Los estudiantes universitarios bloquearon sus instituciones y se unieron a las manifestaciones. Para ese momento, el “Partido Comunista” francés antirrevolucionario estaba ocupado promoviendo reformas bajo su “Plan Juvenil 2027-2032”. Como en mayo de 1968, apoya las demandas de reforma mientras denuncia a los estudiantes revolucionarios.

Construir el PCOI para Movilizar a las Masas por El Comunismo

La prensa capitalista ha descrito las protestas francesas como “disturbios”. Se queja del saqueo de tiendas de lujo en París. Pero un camarada compartió un video que mostraba a jóvenes manifestantes repartiendo zapatos saqueados, alimentos y productos sanitarios femeninos a personas sin hogar. Otros despejaban barricadas para ambulancias y vehículos de bomberos. “Es un lado de la historia que no se está contando en EE.UU.”, comentó.

Una situación revolucionaria existiría en Francia hoy si hubiera un partido comunista de masas con una base aún más amplia para estar a la altura de la ocasión. Lo mismo ocurre en Albania y España. Y probablemente en Argentina, Chile y otros lugares.

Esto no puede suceder de la noche a la mañana. Pero, mientras aplaudimos a los heroicos rebeldes en Francia, debemos hacer todo lo posible ahora para construir el PCOI y prepararnos para más oportunidades similares que seguramente surgirán a medida que la crisis capitalista se profundice.

Un punto positivo es Nueva Delhi (India). Allí, los colectivos juveniles del PCOI han crecido en madurez y número durante la última década. Están movilizando a las masas por el comunismo en medio de las continuas protestas juveniles allí. Eso puede, y debe suceder, en otros lugares.

8 de octubre— Los estudiantes de la escuela secundaria Sonny Rupaire se retiraron de clases y marcharon hasta el ayuntamiento de Sainte-Rose, en Guadalupe, un departamento francés del Caribe.

El Imperialismo Francés en Declive: lo que se Siembra, se Cosecha

¿Está Francia en declive? El ochenta y cinco por ciento de los encuestados en una reciente encuesta dijo “sí”. Tienen razón. Eso es parte de lo que está detrás de las enojadas protestas masivas contra la crisis actual.

Los políticos fascistas intentan culpar a los inmigrantes del declive. Pero el verdadero culpable es el imperialismo.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los capitalistas franceses controlaban el segundo imperio colonial más grande del mundo. Para 1960, las luchas por la liberación nacional habían desafiado ese control en África y el sudeste asiático. Mientras Francia declinaba, el imperialismo estadounidense y una Unión Soviética recién imperialista estaban ascendiendo para ocupar su lugar.

Los imperialistas franceses lucharon ferozmente de 1946 a 1954 para mantener su explotación de las masas indochinas. La guerra era tan impopular que el gobierno no podía arriesgarse a un reclutamiento obligatorio. En cambio, dependió de su Legión Extranjera, compuesta en gran parte por antiguos nazis alemanes. Y de su Cuerpo Expedicionario Francés. Estas tropas eran principalmente hombres del Sudeste Asiático y África. Venían de colonias francesas, incluyendo Senegal, Túnez, Marruecos y Argelia.

El Viet Minh ofrecía educación política antiimperialista a los soldados coloniales capturados. Los prisioneros liberados se negaban a luchar por Francia. Algunos luego se organizaron y lucharon contra ella. Francia perdió su guerra en Indochina. Luego el imperialismo estadounidense intentó apoderarse del premio. También fracasó.

De 1954 a 1962, el imperialismo francés trató sin éxito de suprimir la guerra de independencia argelina. Esta guerra también era impopular. Se estima que 15,000 soldados franceses desobedecieron órdenes, desertaron o se unieron a los rebeldes argelinos.

El presidente Charles de Gaulle logró la transición del dominio colonial directo al neocolonialismo. Después del levantamiento estudiantil y obrero de mayo de 1968, advirtió que Francia estaba perdiendo su estatus de potencia mundial.

La palabra déclinisme entró oficialmente en el vocabulario francés en 2016. Cuando Macron se convirtió en presidente en 2017, algunos lo vieron como su antídoto. Pero el presupuesto militar de Francia siguió bajando, del 5,5% del PIB en 1960 al 2,0% en 2025.

Desde 2020, las protestas antiimperialistas contra Francia han aumentado en el Sahel. En junio de 2026, la antigua colonia francesa Burkina Faso cortó todos los lazos con Francia. Junto con Malí y Níger, sus gobernantes buscan estrechar lazos con Rusia.

Sin colonias que explotar al máximo, los capitalistas aprietan más las tuercas tanto a los trabajadores nacidos en Francia como a los inmigrantes dentro del país. Mientras intentan dividirlos con racismo e islamofobia.

Ningún trabajador debería llorar por el declive de un poder neocolonial racista como Francia. Ni buscar alianzas con otra potencia capitalista. En cambio, los trabajadores y soldados deberían organizarse para la revolución comunista y destruir el capitalismo en todo el mundo.

Y prepararse para construir un nuevo mundo sin fronteras ni esclavitud salarial. Sin salario ni dinero. Un mundo comunista donde todos los trabajadores sean bienvenidos en cualquier lugar. Y donde las masas, nosotros mismos, tomemos las decisiones que nos afectan a nivel global.

Lee Nuestro Folleto: “Movilizar a las Masas para el Comunismo”

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De La Rébellion À La Révolution

20 octobre— Des manifestations massives continuent de secouer la France après que quelque 800 000 travailleurs et jeunes ont envahi les rues le week-end dernier. Ils sont révoltés par la hausse du coût de la vie, alimentée par les prix élevés du carburant résultant de la guerre menée par les États-Unis et les sionistes contre l’Iran. Et par la détérioration des conditions dans les écoles, les universités et les services sociaux.

Beaucoup sont également indignés par le génocide en Palestine. Et inspirés par le mouvement mondial qui s’y oppose.

Dans un récent sondage, 98 % des personnes interrogées se sont déclarées insatisfaites de la situation actuelle en France. Il s’agit à la fois d’une crise économique et d’une crise politique. Beaucoup ne voient guère d’espoir de changement au sein du système actuel.

Ils ont raison. Le capitalisme n’a rien d’autre à offrir aux masses que des attaques, la mort, la division et la dévastation. Aucun politicien – de la fasciste déclarée Marine Le Pen à la formation socialiste « France Insoumise » – ne peut changer cela.

Le président Macron est pris entre les revendications des masses et celles des grands investisseurs sur le marché obligataire. C’est une lutte des classes. Et l’État est au service des capitalistes, quel que soit celui qui le dirige.

Seule une révolution communiste peut balayer ce système meurtrier. Et ouvrir la voie aux masses pour qu’elles construisent une société communiste qui répondra à nos besoins.

Seul un parti communiste de masse, international, profondément enraciné parmi les travailleurs, les étudiants et les soldats, peut mener cette révolution et construire cette société. La meilleure façon de soutenir la rébellion en France est de construire le Parti communiste international des travailleurs (ICWP) partout où nous sommes. De diffuser les idées communistes et de construire des collectifs de l’ICWP.

Les élèves issus de la classe ouvrière immigrée ont ouvert la voie

La vague de protestations a débuté en septembre avec des lycéens des banlieues parisiennes à forte population immigrée et issues de la classe ouvrière. Ils ont dénoncé des conditions racistes telles que des établissements délabrés, des classes surchargées et le manque d’enseignants. Le mouvement s’est rapidement étendu à d’autres villes.

Les blocages et les manifestations étudiantes reflétaient le sentiment croissant que l’État est incapable de fournir l’éducation et les opportunités dont les jeunes ont besoin. Il en est incapable. Ils doivent renverser l’État capitaliste. Aucune école capitaliste ne donnera aux jeunes les outils – les idées communistes et l’organisation – dont ils ont besoin pour y parvenir. C’est pourquoi les jeunes militants anti-apartheid en Afrique du Sud, dans les années 1980, appelaient à « la libération avant l’éducation ».

Les manifestations étudiantes ont été renforcées par une grève nationale du secteur public (incluant les enseignants et le personnel scolaire) contre les coupes budgétaires prévues par le gouvernement. Pour attiser encore davantage la fureur des masses, des armées de policiers ont été déployées pour réprimer brutalement les jeunes. Ils ont arrêté des milliers de personnes et en ont blessé des centaines. Un adolescent de 15 ans a perdu une main à cause d’une grenade assourdissante lancée par la police. Un autre, âgé de 14 ans, a eu la mâchoire fracassée par une grenade lacrymogène.

Mais la police n’a pas réussi à étouffer les révoltes. Le ministre de l’Intérieur a admis avoir « perdu le contrôle » dans certaines villes.

Le 5 octobre était le troisième jour de mobilisation nationale. Les étudiants universitaires ont bloqué leurs établissements et se sont joints aux manifestations. À ce moment-là, le Parti « communiste » français, anti-révolutionnaire, s’employait à promouvoir des réformes dans le cadre de son « Plan Jeunesse 2027-2032 ». Comme en mai 1968, il soutient les revendications réformistes tout en dénonçant les étudiants révolutionnaires.

Construisons l’ICWP pour mobiliser les masses en faveur du communisme

La presse capitaliste a qualifié les manifestations françaises d’« émeutes ». Elle se plaint des pillages de magasins de luxe à Paris. Mais un camarade a partagé une vidéo montrant de jeunes manifestants distribuant des chaussures, des produits alimentaires et des produits d’hygiène féminine pillés à des sans-abri. D’autres ont dégagé les barricades pour laisser passer les ambulances et les véhicules des pompiers. « C’est une facette de l’histoire qui n’est pas racontée aux États-Unis », a-t-il fait remarquer.

Une situation révolutionnaire existerait aujourd’hui en France s’il y avait un parti communiste de masse, doté d’une base encore plus large, capable de se montrer à la hauteur de la situation. Il en va de même en Albanie et en Espagne. Et probablement en Argentine, au Chili et ailleurs.

Cela ne peut pas se faire du jour au lendemain.

Mais, tout en applaudissant les rebelles héroïques en France, nous devons faire tout ce qui est en notre pouvoir dès maintenant pour construire l’ICWP afin de nous préparer à d’autres occasions de ce type qui ne manqueront pas de se présenter à mesure que la crise capitaliste s’aggrave.

Une lueur d’espoir vient de New Delhi (Inde). Là-bas, les collectifs de jeunes de l’ICWP ont gagné en maturité et en nombre au cours de la dernière décennie. Ils mobilisent les masses en faveur du communisme au milieu des manifestations de jeunes qui se poursuivent dans ce pays. Cela peut, et doit, se produire ailleurs.

Le déclin de l’impérialisme français : on récolte ce que l’on sème

La France est-elle en déclin? 85 % des personnes interrogées dans le cadre d’un récent sondage ont répondu « oui ». Elles ont raison. C’est en partie ce qui explique les manifestations de masse rageuses contre la crise actuelle.

Les politiciens fascistes tentent de faire porter la responsabilité de ce déclin aux immigrés. Mais le véritable coupable, c’est l’impérialisme.

Avant la Seconde Guerre mondiale, les capitalistes français contrôlaient le deuxième plus grand empire colonial du monde. En 1960, les luttes de libération nationale avaient remis en cause ce contrôle en Afrique et en Asie du Sud-Est. Alors que la France déclinait, l’impérialisme américain et une Union soviétique nouvellement impérialiste se levaient pour prendre sa place.

Les impérialistes français se sont battus avec acharnement de 1946 à 1954 pour maintenir leur exploitation des masses indochinoises. La guerre était si impopulaire que le gouvernement ne pouvait pas prendre le risque d’instaurer la conscription. Il s’est donc appuyé sur sa Légion étrangère, composée en grande partie d’« anciens » nazis allemands, et sur son Corps expéditionnaire français. Ces troupes étaient principalement composées d’hommes d’Asie du Sud-Est et d’Afrique. Ils venaient des colonies françaises, notamment du Sénégal, de Tunisie, du Maroc et d’Algérie.

Le Viêt Minh dispensait une éducation politique anti-impérialiste aux soldats coloniaux capturés. Les prisonniers libérés refusaient de se battre pour la France. Certains se sont ensuite organisés et ont combattu contre elle. La France a perdu sa guerre d’Indochine. L’impérialisme américain a alors tenté de s’emparer du butin. Il a échoué, lui aussi.

De 1954 à 1962, l’impérialisme français tenta sans succès de réprimer la guerre d’indépendance algérienne. Cette guerre était elle aussi impopulaire. On estime à 15 000 le nombre de soldats français qui ont désobéi aux ordres, déserté ou rejoint les rebelles algériens.

Leurs échecs n’étaient pas dus à un manque de cruauté de leur part. En Indochine, ils ont tué un demi-million de personnes. En Algérie, ils ont tué un million et demi d’Algériens et en ont emprisonné deux millions dans des camps de concentration.

Le président Charles de Gaulle a géré la transition de la domination coloniale directe vers le néocolonialisme. Après le soulèvement des étudiants et des travailleurs de mai 1968, il a averti que la France était en train de perdre son statut de puissance mondiale.

Le mot déclinisme est officiellement entré dans le vocabulaire français en 2016. Lorsque Macron est devenu président en 2017, certains y ont vu un remède à ce phénomène. Mais le budget militaire de la France a continué de baisser, passant de 5,5 % du PIB en 1960 à 2,0 % en 2025.

Depuis 2020, les manifestations anti-impérialistes françaises se sont multipliées au Sahel. En juin 2026, l’ancienne colonie française du Burkina Faso a rompu tous ses liens avec la France. À l’instar du Mali et du Niger, ses dirigeants cherchent à resserrer leurs liens avec la Russie.

Faute de colonies à surexploiter, les capitalistes serrent davantage la vis aux travailleurs, qu’ils soient nés en France ou immigrés. Tout en essayant de les diviser par le racisme et l’islamophobie.

Aucun travailleur ne devrait déplorer le déclin d’une puissance néocoloniale raciste comme la France. Ni chercher à conclure des alliances avec une quelconque autre puissance capitaliste. Au contraire, les travailleurs et les soldats devraient s’organiser pour la révolution communiste afin de détruire le capitalisme partout.

Et se préparer à construire un monde nouveau sans frontières ni esclavage salarial. Sans marchés ni argent. Un monde communiste où tous les travailleurs sont les bienvenus partout. Et où ce sont les masses elles-mêmes qui prennent les décisions qui nous concernent à l’échelle mondiale.

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