¿Quién Gana Cuando Los Trabajadores Se Enferman?

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Comida Rápida, Enfermedades Crónicas Y El Negocio Capitalista De Nuestra Salud

EL SALVADOR, 7 de octubre— “La salud de la clase trabajadora está determinada por el sistema capitalista. Mientras millones de nosotros trabajamos largas jornadas por salarios que apenas cubren nuestras necesidades básicas, las grandes cadenas de comida rápida y los fabricantes de alimentos ultraprocesados ponen productos baratos a nuestro alcance”, señaló C.

“El problema no es simplemente que un trabajador compre una hamburguesa o una bebida azucarada. La contradicción reside en un sistema donde, a menudo, resulta más fácil y barato consumir alimentos procesados que tener un acceso constante a una alimentación saludable, algo que solo una parte de la población puede permitirse”, comentó A.

¿Por qué tenemos acceso a alimentos que pueden enfermarnos, mientras que una alimentación saludable se vuelve cada vez más difícil de conseguir?

“Las enfermedades vinculadas al consumo excesivo de azúcar, grasas y sodio están asociadas con la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Estas enfermedades también generan mercados para consultas médicas, medicamentos, análisis, tratamientos y hospitalizaciones. La salud deja de ser meramente una necesidad humana; se convierte en un espacio donde se obtienen ganancias, mientras las consecuencias recaen sobre nuestras familias”, concluyó D.

“¿Cuánto Dinero Genera una Enfermedad Crónica que Podría Haberse Evitado?”

Esta pregunta revela una contradicción: la clase trabajadora produce riqueza, pero diversos sectores pueden acumular ganancias a partir de nuestras necesidades básicas: alimentación, vivienda, atención médica y medicamentos.

“El robo capitalista no ocurre solo cuando nos quitan directamente parte de nuestro salario. También sucede cuando la riqueza que producimos se utiliza para sostener negocios, mientras nuestras necesidades permanecen insatisfechas”, afirmó F.

A esto A respondió, “debemos poner fin a este robo. Los trabajadores tenemos que debatir, organizarnos y luchar por una sociedad comunista, donde la producción y los servicios estén orientados a satisfacer las necesidades humanas y no a enriquecer a una minoría”.

Reflexionemos juntos: ¿Quién controla la riqueza que producimos? ¿Quién se beneficia de nuestras enfermedades? ¿Por qué nuestras necesidades se transforman en oportunidades de negocio? ¿Por qué una sociedad que cuenta con los recursos y el conocimiento necesarios para prevenir muchas enfermedades permite que nuestras necesidades básicas se conviertan en fuentes de lucro? El capitalismo convierte nuestras necesidades en mercancías y puede transformar sus consecuencias en nuevos mercados.

La clase trabajadora produce alimentos, construye hospitales, mantiene las fábricas en funcionamiento y hace que la sociedad siga operando. Nosotros, las masas, tenemos el poder de transformar esta realidad organizándonos en el PCOI y luchando por una revolución comunista.

En una sociedad comunista, nada estará organizado en torno a las ganancias. Nada se comprará ni se venderá. Los bienes y servicios que produzcamos colectivamente se compartirán para satisfacer las necesidades de las masas.

Alimentos saludables y accesibles, agua potable, una vivienda digna, tiempo para descansar, condiciones de trabajo seguras y servicios de salud adecuados deben estar al alcance de todos, en lugar de ser acaparados por unos pocos.

¡La salud no debe ser una mercancía! ¡La riqueza que producimos debe servir a las necesidades de la clase trabajadora!

¿Qué Tienen en Común los Servicios Públicos y los Privados?

El gobierno de El Salvador lanzó el año pasado la aplicación DoctorSV como una herramienta pública de telemedicina para tratar la diabetes, la hipertensión y otras afecciones. El programa abarca tecnología, personal, medicamentos, pruebas y otros componentes; además, incluye la contratación de servicios especializados y redes externas, tales como farmacias y laboratorios clínicos.

Bajo el capitalismo, tanto las empresas privadas como las instituciones públicas operan dentro de un sistema que prioriza la rentabilidad y la acumulación de riqueza por encima de las necesidades de la clase trabajadora. A menudo, los recursos públicos terminan apuntalando negocios y contratos. Somos los trabajadores quienes seguimos pagando el precio.

No necesitamos reformas que pretendan humanizar un sistema basado en la explotación, ni tampoco empresas que obtengan ganancias a costa de nuestras enfermedades. Por ello, debemos preguntarnos: ¿Cómo se organizan y utilizan los recursos públicos? ¿Quién gestiona los servicios y quién, en última instancia, se beneficia económicamente de nuestras necesidades de salud? ¿Satisfacen realmente las necesidades de la clase trabajadora?

El Hospital Nacional de El Salvador fue creado como una institución pública. Ofrece servicios como análisis de laboratorio clínico y radiología. “Si el gobierno puede destinar recursos a la atención sanitaria, ¿por qué no dirigirlos principalmente a fortalecer la infraestructura, al personal y a los servicios de salud?”, cuestionó un trabajador.

Lo que llamamos “el gobierno” es la dictadura organizada de la clase capitalista sobre la clase trabajadora. Los trabajadores debemos prepararnos para una revolución comunista que destruya el gobierno de los capitalistas, y el sistema actual, basado en la explotación para obtener ganancias. Solo entonces podrá el pueblo trabajador, organizado como un partido comunista de masas, eliminar las empresas privadas y crear instituciones públicas que satisfagan verdaderamente nuestras necesidades.

La Crisis de La Salud en Ecuador

“Quien tiene salud, tiene esperanza. Quien tiene esperanza, lo tiene todo”. Esta interesante frase sobre la salud no se aplica al Ecuador actual.

La dura realidad que golpea a nuestro país es palpable y carece de soluciones a corto plazo; peor aún, tampoco presenta soluciones a largo plazo. Al menos, bajo el sistema capitalista. Los hospitales sufren de desabastecimiento y el sistema de la salud carece de una atención primaria adecuada para mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos.

Más de 20,000 pacientes en Ecuador dependen de la diálisis. El 88 % acude a clínicas privadas que prestan este servicio, gestionado a través del IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), a los hospitales públicos del país. La deuda estatal asciende a 400

millones de dólares, y mantener con vida a cada paciente que requiere diálisis cuesta $1,456 mensuales. Actualmente, el Estado prioriza el pago de la deuda externa a bancos imperialistas por encima de la inversión en salud.

Entre 2024 y septiembre de 2026, se registraron más de 4,000 fallecimientos debido a la falta de diálisis y medicamentos. La escasez de fármacos e insumos en toda la red pública es insostenible. En agosto de 2026, el abastecimiento en los hospitales públicos cayó a solo el 55 %, con una tendencia a seguir disminuyendo.

El aumento del cáncer es una realidad: en 2024 se contó con 3,204 casos nuevos y 5,700 muertes. Solo en Guayaquil, el número de consultas pasó de 24,425 en 2024 a 37,246 en 2026. Los casos de cáncer de colon aumentaron de 250 a casi 400, y la tendencia sigue subiendo.

La corrupción se ha vuelto incontrolable en los contratos con proveedores externos y en la adquisición de medicamentos que nunca llegan a su destino. La población se ve obligada a pagar de su propio bolsillo, ya que los hospitales carecen de todo. Los fondos públicos, destinados originalmente a la compra de medicamentos, se han perdido en sobreprecios y deudas.

La salud siempre ha sido considerada el enfoque fundamental de la existencia humana. Pero, hoy en día, para el capitalismo esto es un negocio y un privilegio de unos pocos capitalistas que ven en las enfermedades y la muerte una fuente de más ganancias y poder.

La salud nunca debería considerarse un gasto. Es la mejor inversión, porque sin salud no hay vida. Y sin vida, no hay revolución ni cambio.

El sistema capitalista se está derrumbando. Ya no puede continuar. Debemos despertar y, como clase trabajadora, comprender que la única forma de vencer será siempre mediante una revolución comunista que logre el bienestar pleno. En el comunismo, la salud de las masas será lo más importante. La salud, al igual que todo lo demás, será gratuita y colectiva y estará al alcance de todas las masas con la mayor calidad posible.

—Camarada en Ecuador

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