La Revolución Comunista Acabará con la Esclavitud Asalariada Capitalista

Londres, Reino Unido, septiembre de 2023

Trabajadores Inmigrantes de la Costura Enfrentan Superexplotación

“Permanecemos dentro de la fábrica, no tenemos que preocuparnos tanto por ser arrestados por la policía de afuera”, dijo un trabajador indocumentado de la costura, de Myanmar, que labora en China. “Pero no podemos salir de las instalaciones en absoluto. Sin pasaportes, tenemos que trabajar y vivir completamente ocultos y con cautela”.

Trabaja en una fábrica en la ciudad de Ruili (provincia de Yunnan), ubicada en la frontera entre China y Myanmar. Decenas de miles de migrantes indocumentados trabajan en los centros de confección de dicha zona.

El estatus ilegal de estos obreros los aísla y vulnera ante abusos patronales y deportaciones. Su superexplotación genera superganancias debido al capitalismo que prioriza ganancias sobre las necesidades humanas y la fuerza laboral.

Esta fábrica integra una cadena de suministro “en la sombra” que subcontrata para grandes textiles. De este tipo de redes provienen productos baratos y representan el 70%-80% de la producción de ropa en China. Abastecen a gigantes como H&M, Gap, Nike y Adidas.

En 2024, un ciudadano chino, operador de máquinas de coser, trabajó para una fábrica proveedora de Shein. Declaró, “todos los días trabajo desde las 8am hasta las 10:30 pm y tomo un día libre al mes. No puedo permitirme más días libres”.

Shein es un gigante del comercio electrónico, corporación global multimillonaria y mayor minorista de moda ultrarrápida del mundo. China exportó prendas de vestir por más de $150,000 millones en 2025. Shein aproximadamente un tercio de esa cifra. Shein supera las exportaciones textiles de Bangladesh, Vietnam e India.

La riqueza de Shein viene principalmente de las cadenas de suministro en la sombra y del sistema Hukou; a costa de horas extras excesivas, días de descanso limitados, presión implacable por la producción, violaciones salariales y abusos contra la legislación laboral.

El sistema hukou es un programa de registro del gobierno chino. Clasifica de forma permanente a ciudadanos como “rurales” o “urbanos” según donde nacen. Millones emigran a las ciudades para trabajar en la industria manufacturera, pero no pueden trasladar su registro legal; por ello, no tienen acceso a la atención sanitaria pública, pensiones o educación estatal. Son obligados a aceptar trabajos agotadores y mal pagados.

Esto sucede en las “aldeas Shein” de Guangzhou, una densa red de talleres y fábricas de confección donde laboran personas del sistema Hukou e inmigrantes indocumentados.

Mismo Enemigo, Misma Lucha

Un trabajador de la confección y organizador del PCOI en El Salvador declaró, “esta situación [la de los trabajadores chinos de la confección] no existe solo aquí, sino en todo el mundo. Podemos ver la realidad de la vida bajo el capitalismo. Cuando nos enteramos de trabajadores como ellos —como los de aquí, los de Bangladesh y otros lugares que laboran bajo este sistema y bajo ese patrón opresor—, nos ayuda a difundir aún más la línea del Partido; porque lo que nosotros vivimos es lo que ellos viven a escala mundial”.

Añadió, “en las fábricas de aquí, en El Salvador, aunque los descansos varían ligeramente, la represión patronal y el ciclo de producción es el mismo. 100 % de las ganancias acaba en unas pocas manos. La sobreproducción es desenfrenada y no devuelven nada de las enormes ganancias generadas; se lo quedan todo. Tenemos que intensificar el trabajo del Partido.

“No podemos detenernos ni perder tiempo a la hora de organizar el Partido”, concluyó. “Piensen en los millones que se generan en las fábricas mientras nos vemos obligados a vivir prácticamente sin dinero. La miseria que nos pagan apenas cubre las necesidades personales”.

En Los Ángeles, otro trabajador añadió, “trabajé en la industria de la confección durante 15 años. Solo saqué sudor y una presión constante para producir más rápido. Cuando subía el salario mínimo, teníamos que sacar más piezas para intentar mantener el ritmo, porque cobrábamos por pieza. El alquiler y los precios de los alimentos siempre eran caros. Nuestros salarios nunca fueron suficientes”.

La creciente competencia capitalista-imperialista empuja a las corporaciones a buscar mayores ganancias. La cadena de Shein refleja esta lógica general. Forzar a los trabajadores a producir más en peores condiciones para extraer fuerza de trabajo al menor costo.

Los trabajadores de China, El Salvador, EE.UU. y de todas partes están unidos por el mismo sistema global de producción y explotación capitalista. La solución no está en mejores regulaciones ni en promesas corporativas. Los trabajadores deben organizarse colectivamente y construir el Partido Comunista Obrero Internacional para derrocar el sistema. Construyamos un movimiento internacional por el comunismo, una sociedad organizada en torno a las necesidades humanas en lugar de la ganancia.

 

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“Luchemos Por El Día En Que Ningún Trabajador Sea Llamado Extranjero”

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