El Mundial: Propaganda Masiva, No Deporte

El capitalismo transforma todo en su opuesto. Algo que fue fuente de alegría humana, que fomenta el trabajo en equipo, la comunicación, el espíritu colectivo, los beneficios del ejercicio, la confianza individual y mucho más. Se reduce a la publicidad para Visa y otras empresas que se nutren del dinero. Parásitos que se alimentan del deseo de la clase trabajadora de disfrutar de algún placer en la vida.

Esto es el Mundial.

El fútbol tiene una larga historia. Alguna forma del deporte existe desde hace dos mil años. Se ha practicado en todos los continentes. El deporte moderno es el más popular del mundo. Originado en Europa, fue exportado por el colonialismo a todos los rincones del planeta. Casi todos lo pueden practicar, con reglas sencillas y pocos requisitos. Se juga en las calles, callejones, campos baldíos casi cualquier lugar, con lo mínimo indispensable.

Pero, el desarrollo del capitalismo convierte todo lo que toca; deportes, juegos o relaciones humanas, en una empresa manchada por el dinero, corrompida por la jerarquía e infestada por la inmoralidad del racismo y el nacionalismo.

El reciente Mundial se dio en un contexto de guerras imperialistas en expansión, una crisis capitalista que se profundiza, ataques racistas contra trabajadores y el auge del fascismo en todo el mundo. Racismo abierto contra jugadores negros por parte de aficionados que animaban a “su” equipo. Jugadores iraníes, cuyas familias sufren bombardeos, no pudieron alojarse en Estados Unidos. Se enfrentaron a un arbitraje parcial haciéndoles perder su último partido. El fútbol se usa para distraer a las masas de la creciente guerra y el fascismo que afrontamos, incitándolas a ondear “nuestras” banderas nacionales y a animar a “nuestro equipo”. Los trabajadores y la juventud no tienen nada en común con nuestros patrones y gobernantes, pero sí tienen todo en común entre sí. ¡Las banderas nacionales representan los intereses de los capitalistas, no los de los trabajadores!

La selección de Egipto declaró que jugaba por Palestina. El equipo de Noruega contribuyó a Gaza. Gestos admirables, pero gestos que no cambian la esencia del espectáculo.

El Mundial es un “dame el dinero” disfrazado de deporte. Presentado por Visa valorada en 675,000 millones de dólares. Ellos, al igual que sus colegas parásitos; bancos, fondos de cobertura, compañías de seguros y otros, obtienen sus ganancias exprimiendo a los trabajadores con tasas de interés exorbitantes y compuestas, que superan el 20 %.

¡Vaya sistema! Te exprimen una y otra vez. Dividen a los trabajadores según la nación mediante banderas y canciones, incluso simulacros de remo, para crear distinciones donde no las hay (ciertamente ninguna que sea relevante) y así generar antagonismo y división, sea por geografía o por color de piel. Los trabajadores en realidad no tienen nación. Los capitalistas son los dueños de los “países” del mundo, como lo son de todo. Su clase es la propietaria de los nombres, las banderas, las fronteras (cambiantes) y de todo lo de adentro. Enseñan patriotismo a nuestros hijos cuando su único compromiso es el lucro. Nos bombardean con la ilusión de la nacionalidad para servir a los intereses de su clase, que se oponen a los nuestros. La ideología nacionalista beneficia a los demagogos que usan a nuestra juventud, nuestro trabajo y nuestras vidas en guerras para competir con otros capitalistas en la lucha por sus ganancias insaciables.

Usan el deporte, así como la educación manipuladora. El Mundial es propaganda masiva, no deporte. Cuidado con aquello que apoyas. Unámonos para luchar juntos por un mundo comunista sin naciones, nacionalismo, racismo ni guerras imperialistas; un mundo donde el deporte vuelva a ser una alegría que nos una para aprender de las fortalezas de los demás y disfrutarlas.

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