Lucha de Clases en Palestina: ¿Libertad para Quién?

Hombres de piedra: los palestinos que construyeron Israel

CONDADO DE LOS ÁNGELES (EE.UU.), 26 de julio— “Esto es lo primero que leemos sobre Palestina que incluye un análisis de clase”, comentó B. Nuestro club de lectura discutía el libro Hombres de piedra: Los palestinos que construyeron Israel, de Andrew Ross.

“No es el primero”, nos recordó J. “El libro de Ghassan Kanafani, La revolución de 1936-1939 en Palestina, tenía un análisis marxista fantástico. Pero, es poco común encontrar esta perspectiva en libros sobre Palestina”.

Ross escribe de trabajadores palestinos de la construcción. Incluye información colectada de conversaciones con ellos. Muestra cómo todo relacionado con la construcción en Palestina refleja la ideología y la conquista sionistas: los materiales, la arquitectura, la mano de obra.

Debatíamos la sección “Ciudad en la cima de una colina”. Era sobre

Rawabi, la primera ciudad palestina moderna en Cisjordania. Trabajadores palestinos de un pueblo cercano la describieron como una maniobra impulsada por inversores cataríes y Bashar Masri, un promotor adinerado palestino.

“Lo que me llamó la atención”, dijo J, “fue cómo Masri logró cooptar la solidaridad palestina sin contribuir en nada su liberación.

“Es similar a cuando los liberales dicen que elegir a Kamala Harris supondría una gran liberación para todas las personas negras. Cuando, en realidad, solo se trata de una “representante” simbólica consagrada por la estructura política capitalista. Una figura simbólica que no rinde cuentas solo a los intereses capitalistas”.

Los capitalistas palestinos de Cisjordania sufrían la violencia de los colonos y del Estado israelí. Y empleaban a trabajadores palestinos.

Usaban su posición para explotar a la clase trabajadora palestina. Vendían su patrimonio y sus tierras, pedazo por pedazo, para construir urbanizaciones de lujo. Todo mientras ondeaban banderas palestinas sobre las salas de exposición de viviendas modelo que los trabajadores palestinos no podían comprar.

La Autoridad Palestina facilitaba esto mediante la expropiación de tierras por “utilidad pública”.

Ross traza el origen de Rawabi a los Acuerdos de Oslo (1993-1995). El presidente de EE.UU., Bill Clinton, fue el mediador de estos acuerdos. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) —que en su día fue una organización militante— “reconoció” al gobierno israelí.

Este régimen sionista designó a la OLP para “representar” a las masas palestinas. Juntos crearon la Autoridad Palestina, de carácter colaboracionista.

Oslo sería un paso hacia una “solución de 2 Estados”. Pero, los gobernantes israelíes nunca tuvieron la intención de permitir la existencia de un Estado palestino.

  El “proceso de paz” de Oslo terminó hace tiempo. Pero, estos acuerdos sentaron unas bases para la inversión internacional en Palestina. Fomentaron el “desarrollo económico” capitalista y la liberalización de los mercados.

Entre los 750,000 palestinos expulsados en 1948 —y ahora entre sus descendientes— hay algunos capitalistas adinerados como Masri. Capitalistas cómodos con la economía neoliberal. Promueven ideas neoliberales del “progreso” y la “modernidad” y están dispuestos a colaborar con los gobernantes fascistas de Israel.

Los trabajadores que construyeron Rawabi le contaron a Ross de la existencia de “condiciones laborales de explotación y peligrosas”. Los contratos de tres meses permitían a los empleadores no pagar las prestaciones sociales. Los trabajadores que se lastimaban eran despedidos con indiferencia.

La “lucha nacional” por un Estado palestino no puede borrar la lucha de clases.

“Ante la falta de un movimiento obrero organizado, sólido y coordinado que actúe bajo principios de solidaridad con todos los trabajadores (en Palestina y en el resto del mundo), ese vacío lo ocupan estos liberales capitalistas”, concluyó J.

“Son fieles a los intereses del capital. Pueden utilizar la fachada del nacionalismo palestino para impulsar una agenda que solo sirve a los intereses del capitalismo. Todo a costa de los palestinos”.

Escribiremos más al continuar leyendo el libro. Merece la pena leerlo y también el libro de Kanafani.

La historia de Rawabi muestra por qué no basta con gritar “¡Palestina libre!”. ¿Mercados libres para los capitalistas o libertad frente a la explotación para los trabajadores?

El PCOI confía en que los comunistas de Cisjordania, Gaza e “Israel” se unirán para luchar y acabar con el capitalismo “desde el río hasta el mar”.

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