
San José (Costa Rica), 6 de agosto—. Compañeros del Movimiento de Trabajadores y Campesinos (MTC) participan en una movilización masiva contra el gobierno.
COSTA RICA, 16 de agosto— Comunismo es una palabra muy utilizada en el contexto costarricense actual a favor y en contra. Estamos a 100 días de inicio del gobierno de Laura Fernández quien llegó al cargo de presidente como candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO). Este partido forma parte de las nuevas derechas latinoamericanas.
La presidenta es la continuadora del gobierno anterior encabezado por Rodrigo Chaves, que ejerció un gobierno plagado de fraseología anticomunista. En razón del apellido “Chaves”, los seguidores de Rodrigo Chaves son conocidos como chavistas, pero nada tienen que ver con el extinto presidente venezolano. Los chavistas ticos han venido fortaleciéndose y ganando popularidad a partir de la crítica a otros gobiernos anteriores que han aplicado políticas explotadoras, defensores acérrimos de la propiedad capitalista y que han venido desarmando las propias instituciones sociales que en su momento crearon. El chavismo tico, también se ha venido alimentado de denuncias de casos de corrupción, numerosos por supuesto, en el marco de gobiernos falsamente socialdemócratas o progresistas.
El gobierno de Chaves igualmente se distinguió por manejos oscuros de instituciones y presupuestos. Algunos de los casos fueron denunciados en los tribunales, pero dada la inmunidad de que gozan estos altos funcionarios de la administración capitalista no se les puede juzgar, al menos, mientras sigan ejerciendo altas funciones de gobierno.
El chavismo costarricense, con su ahora nueva presidente recién estrenada, también tiene una frase muy común, que es la de tachar de comunista todo acto, partido político u organización que se le oponga. Por ejemplo, a pocas semanas de haber iniciado su gobierno, mandó a votar en la Asamblea Legislativa un proyecto elegantemente denominado Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional, en realidad un proyecto de privatización, es decir, para avanzar en entregar bienes que este momento son estatales a manos privadas, para obviamente, hacerlos sujetos directos de explotación capitalista. En este caso, el propósito es avanzar en la privatización del Instituto Costarricense de Electricidad. (ICE)
Pero el proyecto en mención no fue aprobado en el seno de la Asamblea Legislativa, porque diferentes partidos de oposición votaron en contra. Entre los partidos que más aportaron votos de oposición fueron el Partido Liberación Nacional, PLN, (socialdemócrata, o sea, neoliberal) y el Frente Amplio, FA, (izquierda reformista). La presidente Fernández entonces explicó que los diputados de esos partidos eran comunistas y vagabundos. Por eso no lo habían aprobado, según ella.
¿Pero qué tiene de comunista oponerse a una privatización de un bien estatal? Habría que tener en cuenta que en el comunismo no existiría propiedad privada, ni tampoco Estado. En este caso concreto al que se está haciendo referencia, sí existe propiedad, pero en manos del Estado. En el caso costarricense se estaría completamente lejos de una sociedad comunista pues si bien el ICE es una institución de administración y producción eléctrica, su trabajo se incrusta en un contexto capitalista. Igualmente, se incrusta en un Estado capitalista. Para Laura Fernández todo lo que huela mínimamente a control estatal de medios de producción es comunismo.
¡El control social de los medios de producción! Eliminación de las ganancias capitalistas para dedicar la riqueza social a resolver las necesidades humanas y de la naturaleza. Por tanto, la referencia de la presidente Fernández al comunismo, aunque distorsione bárbaramente la concepción comunista, es una oportunidad para explicar lo qué es el verdadero comunismo.
