La Historia es La Base Para Organizar el Futuro

EL SALVADOR, 2 de agosto— “Al leer el artículo sobre el comunismo y el anarquismo, me surgió una reflexión. Entiendo las diferencias históricas, pero ¿qué tienen que ver la Comuna de París, la Revolución de Octubre o la Revolución China con nosotros hoy?”, dijo C.

“Al principio yo también pensaba que eran hechos lejanos, pero hoy veo que sus lecciones siguen siendo plenamente actuales. El capitalismo ha cambiado, pero su esencia sigue siendo la misma”, agregó D.

«Today, millions of workers collectively produce everything that sustains society: food, hospitals, transportation, technology and communications,” said A. “No capitalist produces on his own. All wealth is the result of collective work. However, that wealth continues to be concentrated in the hands of a small capitalist class. This contradiction shows that the problem is not only who governs, but who owns and controls the means of production. That is the material basis on which communism is built.»

A añadió a la discusión diciendo, “Hoy millones de trabajadores producen colectivamente todo lo que sostiene la sociedad: alimentos, hospitales, transporte, tecnología y comunicaciones. Ningún capitalista produce por sí solo; toda la riqueza es fruto del trabajo colectivo. Sin embargo, esa riqueza continúa concentrándose en manos de una pequeña clase capitalista. Esa contradicción demuestra que el problema no es solo quién gobierna, sino quién posee y controla los medios de producción. Esa es la base material sobre la que se construye el comunismo”.

Un ejemplo claro son las maquilas de la costura. Miles de trabajadores participan en la elaboración de una sola prenda: unos cortan la tela, otros cosen las piezas, otros colocan cierres y botones, mientras otros la planchan, empacan y distribuyen. ¿Quién hizo realmente esa camisa o ese pantalón? Ninguna sola persona realiza todo el trabajo; fue el esfuerzo colectivo de cientos o miles de trabajadores.

Sin embargo, cuando la prenda llega a las tiendas, las ganancias terminan en manos de los dueños de las maquilas y de las grandes marcas internacionales, no de quienes la produjeron. Ahí se ve con claridad la contradicción del capitalismo: la producción es colectiva, pero la riqueza sigue siendo apropiada por una minoría. Esa es la contradicción que el comunismo busca superar transformando las relaciones sociales de producción.

Aquí D dijo, “Muchos dicen que el problema es simplemente el Estado, que basta con abolirlo para que exista una sociedad libre”.

Sin embargo, esa idea deja de lado el problema fundamental. El Estado no existe por sí mismo; surge porque la sociedad está dividida en clases. Mientras existan explotadores y explotados habrá un Estado que defenderá los intereses de los poderosos. La cuestión decisiva no es únicamente el Estado, sino transformar las relaciones sociales de producción. Si la propiedad privada, el mercado y la competencia continúan organizando la economía, volverán a surgir desigualdades y nuevas clases explotadoras.

¿Esa es la diferencia principal entre comunismo y anarquismo?, preguntó C.

Sí. El comunismo no plantea únicamente destruir el viejo Estado, sino también transformar la base económica de la sociedad. La producción debe organizarse colectivamente y los grandes medios de producción deben convertirse en propiedad de todos para satisfacer las necesidades de la clase trabajadora y no las ganancias de una minoría.

Las huelgas, las protestas y las rebeliones son indispensables. Pero la historia demuestra que, por sí solas, no son suficientes. La Comuna de París, la Revolución de Octubre y otras experiencias revolucionarias enseñan que, sin organización política, dirección revolucionaria y un programa comunista, las luchas pueden ser derrotadas, desviadas o absorbidas por el capitalismo. La espontaneidad puede abrir el camino, pero no puede sustituir la organización consciente de la clase trabajadora.

Por eso estudiamos la historia: porque contiene lecciones para las luchas del presente. Nuestra tarea no consiste solo en conocer el pasado, sino en construir el futuro. Eso significa organizarse en cada lugar de trabajo, escuela y comunidad; fortalecer el Partido Comunista Obrero Internacional, distribuir Bandera Roja y convertir cada discusión política en una oportunidad para desarrollar la conciencia de clase.

Las ideas revolucionarias solo cambian el mundo cuando se convierten en organización, disciplina y acción consciente de millones de trabajadores. Esa es la principal lección que nos deja la historia y la tarea que tenemos por delante.

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