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Delano, California, EE.UU., 1965: El camarada Camacho denuncia a los esquiroles.
La Organización Comunista Exige Un Liderazgo Colectivo
CALIFORNIA (EE.UU.), 25 de marzo — La prensa capitalista ha informado ampliamente que César Chávez abusó sexualmente y violó a mujeres y niñas en las décadas de 60s y 70s.
Chávez fundó y fue presidente del Sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW, por sus siglas en inglés). Falleció en 1993.
Dos mujeres revelaron que abusó sexualmente de ellas cuando tenían doce y trece años, hijas de organizadores del UFW en los70s. Otra de ellas tenía quince años.
La cofundadora del UFW, Dolores Huerta, también lo acusó de agredirla en 1960 y de violarla en 1966.
Agencias gubernamentales, políticos, escuelas y organizaciones comunitarias lo condenaron rápidamente. Retiraron su nombre de letreros de calles, murales, días festivos y monumentos.
Chávez merece esta condena pública. Pero, muchos de los que ahora lo denuncian por abuso sexual han ignorado durante mucho tiempo sus políticas antiobreras, racistas y procapitalistas mientras, dirigía el UFW.
Como presidente del UFW, rechazó la militancia obrera y la crítica al capitalismo. Promovió prácticas políticas fallidas como el pacifismo, la colaboración de clases, el fanatismo religioso, el racismo y un reformismo endeble. Movilizó a los miembros del sindicato para hacer campaña a favor de políticos del Partido Demócrata que apoyaban la Guerra de Vietnam y la masacre de campesinos y trabajadores en ese conflicto.
Utilizó el misticismo religioso y el idealismo para convencer a los trabajadores de que rezar y ayunar eran acciones más eficaces que la militancia con conciencia de clase para combatir a los terratenientes, la policía y los rompehuelgas. Expulsó a cualquier miembro del sindicato del que sospechara que era comunista, o que luchara de manera militante contra los patrones y los rompehuelgas. Esto incluyó al miembro del PCOI, Epifanio Camacho.
El racismo de Chávez quedó plenamente expuesto cuando atacó a los trabajadores indocumentados. Los acusó de ser rompehuelgas y los denunció ante la “Migra”. Sin embargo, muchos de los propios huelguistas eran indocumentados. En mayo de 1968, el periódico del UFW, El Malcriado, publicó los nombres de cuarenta y ocho de estas personas. En junio de 1974, Chávez y la junta directiva del UFW aprobaron su “Campaña Contra los Ilegales”. Ese verano, denunciaron a más de 5,000 trabajadores indocumentados ante la Migra.
Chávez implementó un proyecto cerca de Yuma, Arizona —entre 1973 y 1975— al que se bautizó racista y despectivamente como “la Línea Mojada”. Matones de la UFW acamparon en la frontera para golpear a inmigrantes indocumentados que intentaban entrar a los EE.UU. A menudo, los entregaban a la Patrulla Fronteriza.
La UFW informó con orgullo que “aproximadamente 600 hombres y mujeres —todos ellos antiguos recolectores de limones— se han transformado en una patrulla fronteriza diurna y nocturna… al menos 50 veces más eficaz que la Patrulla Fronteriza de los EE.UU.”
Chávez alardeó de que “pronto, lo único que cruzará esa frontera sin nuestro conocimiento serán las ratas del desierto (El Malcriado, 18/10/74). El primo de Chávez, Manuel Chávez, comandaba “la Línea Mojada”. Dicha “Línea Mojada” se anticipó al Proyecto Minutemen —de derecha y supremacista blanco—, éste llevó a cabo actividades similares entre 2005 y 2010.
En 1977, Chávez traicionó a los trabajadores agrícolas filipinos al visitar al dictador de Filipinas, Ferdinand
Marcos. Filipinas se encontraba bajo la ley marcial. El régimen de Marcos había torturado, asesinado y encarcelado a organizadores sindicales.
Chávez lo defendió. Declaró que las condiciones para los trabajadores en Filipinas eran “muchísimo mejores ahora” que antes de que Marcos impusiera la ley marcial.
El PCOI condena incondicionalmente el abuso sexual de personas vulnerables, incluida la violación de Dolores Huerta. La situación de Huerta es también contradictoria; fue una de las víctimas de abuso sexual de Chávez; pero, promovió las mismas políticas racistas y contrarias a los trabajadores que él.
Como el racismo contra los trabajadores indocumentados, la unidad procapitalista con los políticos, el pacifismo derrotista, el misticismo religioso y los ataques contra los comunistas y los trabajadores militantes dentro del sindicato. Ella es tan culpable como Chávez por haber actuado de ese modo.
Bajo el su liderazgo corrupto de ambos, todas las reformas conquistadas por la militancia de masas de los trabajadores agrícolas durante las décadas de los 60s y 70s se perdieron posteriormente. Hoy, las condiciones en los campos son —en algunos aspectos— peores de lo que eran antes de la Huelga de la Uva de Delano de 1965.
La organización comunista requiere un colectivo sólido, dedicado a la lucha de la clase trabajadora contra la explotación capitalista. Ningún “líder” debería estar jamás exento de crítica; ni tampoco ser colocado en un pedestal y expuesto a ser cooptado por políticos capitalistas.
E incluso los sindicalistas más honestos, antirracistas y combativos luchan únicamente por mejorar las condiciones de nuestra esclavitud asalariada. El declive del capitalismo estadounidense desde la década de los 70s ha hecho difícil lograr o mantener tales mejoras. Luchemos para poner fin a la esclavitud asalariada para construir una sociedad comunista basada en el reparto equitativo, libre de patrones, fronteras y afán de lucro.
La historia reformista del UFW demuestra que los trabajadores agrícolas necesitan construir un movimiento comunista ahora más que nunca.
Lee Nuestro Folleto:
“La Lucha Comunista Contra El Sexismo”
Jóvenes Comunistas Luchan Contra el Racismo Anti-inmigrante y Desenmascaran a César Chávez Antes de que Fuera “Popular”
Entre 1971 y 1972, un pequeño grupo de jóvenes comunistas en Los Ángeles militaba activamente en CASA. Se trataba de una organización comunitaria cuya dirigencia fingía combatir la racista Ley Dixon-Arnett. Esta ley de California declaraba ilegal la contratación de trabajadores indocumentados.
Decimos que “fingían” porque su verdadero interés residía en atraer a miembros indocumentados. Mentían al afirmar que el “carné” de CASA evitaría su deportación y les ayudaría a regularizar su estatus migratorio. Cobraban 15 dólares por dicho “carné”. Más de treinta mil trabajadores se afiliaron.
Se embolsaron todo ese dinero, pero la enorme base de afiliados convirtió a CASA en una importante “organización comunitaria” a los ojos de la clase dominante estadounidense. Su agenda principal consistía en promover el anticomunismo, así como el nacionalismo chicano y mexicano. El objetivo era impedir que nuestros hermanos y hermanas mexicanos —tanto inmigrantes como ciudadanos— se unieran a nuestros hermanos de clase blancos, negros y de otras identidades latinas para organizarse con miras a derrocar el capitalismo. Por esta labor, eran generosamente recompensados con sumas que rondaban los 50.000 dólares mensuales.
Cientos de inmigrantes, cegados por su engañosa propaganda, asistían a las reuniones semanales de los viernes por la noche. Acudían con la esperanza de escuchar propuestas para organizar un movimiento militante y serio que hiciera frente a aquella ley fascista. Sin embargo, lo único que escuchaban eran las mentiras de los políticos y las palabras de sacerdotes católicos que ofrecían sus iglesias como refugio en caso de que se quedaran sin empleo.
Ante la feroz oposición de la dirigencia de CASA, los jóvenes comunistas hicieron un llamamiento a las masas para que se organizaran y marcharan de manera militante por el centro de Los Ángeles, protestando contra aquella legislación racista y anti-inmigrante. Las masas respondieron al llamado.
Una noche de viernes de 1972, en lugar de acudir a la reunión habitual, miles de trabajadores —en su mayoría indocumentados— se congregaron en la intersección de Olympic y Broadway. Desde allí, marcharon hacia el Ayuntamiento. Los jóvenes comunistas encabezaron la primera marcha masiva de trabajadores indocumentados, desafiando con valentía los ataques abiertamente fascistas de la clase dominante.
Los dirigentes de CASA se desvivían por elogiar a César Chávez, quien figuraba como el supuesto líder del creciente movimiento de masas de trabajadores agrícolas en California, movilizado contra los abusos racistas de los terratenientes. Los jóvenes comunistas tuvieron noticia de un letrero que se exhibía en la sede del sindicato de los Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW, por sus siglas en inglés). El letrero rezaba: “Para solicitar un empleo o afiliarse al sindicato, debe presentar su tarjeta de residencia (green card)”. Estos jóvenes comunistas les dieron a conocer esto a las masas cuando intervinieron en asambleas multitudinarias, en reuniones más reducidas para organizar la marcha y en otras acciones destinadas a defender a los trabajadores indocumentados que estaban bajo ataque. ¡Dejaron claro que Chávez, en la práctica, apoyaba el proyecto de ley Dixon-Arnett propuesto y que ya lo estaba implementando!
Por ello, los jóvenes se ganaron el respeto de los trabajadores. Y el odio de la dirigencia pro-Partido Demócrata y pro-capitalista. Sin embargo, CASA no perduró mucho más tiempo. Algunos de los jóvenes comunistas se mantuvieron activos y fieles a la clase obrera y a la lucha por el comunismo durante toda su vida.
Carta: Chávez: Racista y Sexista
Alrededor de 1973, trabajadores comunistas en California se encontraron con trabajadores agrícolas que organizaban en el Sindicato de Trabajadores Agrícolas (UFW, por sus siglas en inglés) para luchar contra los ataques antiobreros. Uno de ellos fue Epifanio Camacho. Había estado organizándose en los campos, participando en huelgas y oponiéndose a las políticas pacifistas y anti-inmigrantes indocumentados de César Chávez, políticas que consideraba una traición a la causa obrera.
Epifanio se convirtió en un organizador comunista. Formó un colectivo que llevó la política y el liderazgo comunistas a los trabajadores agrícolas de todo el Valle de San Joaquín, en California. Denunciaron el racismo y el pacifismo de la dirigencia de Chávez. Camacho se unió al PCOI.
Ahora se ha revelado que Chávez era también un depredador sexual. Algunas de sus víctimas guardaron este secreto durante sesenta años porque no querían «perjudicar al movimiento». El «movimiento» dejó de ser una fuerza entre los trabajadores agrícolas hace ya muchos años. Lo que quedó fue la imagen que la clase dominante creó de un reformador pacifista que, supuestamente por sí solo, logró reformas para los trabajadores agrícolas.
Cualesquiera que fueran las victorias a corto plazo que obtuvieron los trabajadores agrícolas, estas fueron el resultado de una lucha de clases militante contra los terratenientes, a pesar del pacifismo de Chávez. La victoria principal fue que algunos de esos trabajadores agrícolas se convirtieron en luchadores comunistas al servicio de la clase obrera. Su objetivo: en lugar de reformas, una sociedad comunista libre de la esclavitud asalariada, del dinero, del racismo, del sexismo y de las fronteras.
Ahora, los portavoces de la clase dominante —como el New York Times (NYT)— que encumbraron a Chávez como un “héroe”, lo derriban al exponer su sexismo y su pedofilia, aspectos que se habían mantenido en secreto. Pero, el NYT no menciona nada de su racismo antiinmigrante.
¿Exponen esto ahora porque quieren que los jóvenes latinos(as) piensen que la única manera de ganarse el respeto es luchar en defensa del imperialismo estadounidense? ¿O será porque el gobierno de EE. UU. está trayendo a un número masivo de trabajadores temporales y quiere impedir que surjan organizaciones en los campos y las fábricas?
El capitalismo engendra individualismo, racismo y sexismo. Nuestra solidaridad y nuestras simpatías están con las mujeres a las que Chávez agredió sexualmente, así como con todos los trabajadores que han sido víctimas de los gobernantes y sus agentes.
Sin embargo, una de sus víctimas —Dolores Huerta— fue vicepresidenta del UFW durante muchos años. Y ella contribuyó a dirigir los ataques contra los trabajadores indocumentados. Fue ella quien exigió que los miembros del sindicato entregaran los nombres de los trabajadores indocumentados que conocían, para que el sindicato pudiera denunciarlos ante el departamento de inmigración. La mayoría de los trabajadores se negaron.
Ha hecho campaña para el Partido Demócrata durante años y ha atacado y difamado personalmente al comunismo y a los comunistas.
Guardó silencio sobre las agresiones de Chávez durante 60 años, mientras construía una carrera dentro del UFW apoyando al Partido Demócrata.
La clase trabajadora cuenta con masas de héroes auténticos: aquellos que lucharon contra los nazis, que lucharon contra los patrones en todo el mundo, que lucharon por la revolución, que lucharon contra la burguesía roja en China.
Y aquellos que luchan por el comunismo hoy en día. Rendimos homenaje a los luchadores comunistas —del pasado, del presente y del futuro— de nuestra clase. No necesitamos que la clase dominante cree o derribe a sus propios héroes procapitalistas. Únete al PCOI y ayúdanos a construirlo, para forjar un liderazgo colectivo que luche por eliminar el racismo, las fronteras, el sexismo y las guerras imperialistas mediante la revolución comunista.
—Una camarada
Lee Nuestro Folleto:
“Luchemos Por El Día En Que Ningún Trabajador Sea Llamado Extranjero”
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