No Confundamos la Representación con la Liberación
La película, Sinners resultó deslumbrante. Su ambientación en las comunidades del sur de la era de Jim Crow —rica en cultura de los blues e influenciada por el folclore afroamericano— fue fruto de una minuciosa investigación. Ofrece una perspectiva refrescante sobre el género de vampiros. La película de terror de Ryan Coogler fue aclamada por el público y por la crítica.
Pero, a través de un análisis comunista, se revela otra verdad. Sinners cautivó y se convirtió en la película más nominada a los Óscar de todos los tiempos, contando con un elenco mayoritariamente negro. Pero no debemos confundir la representación con la liberación. La película contiene semillas de liberación, pero se queda corta al trazar un camino hacia la solidaridad de la clase trabajadora.
Los protagonistas, Smoke y Stack, son dos jóvenes negros que han regresado a su pueblo natal en Misisipi para establecer su propio negocio de vida nocturna al servicio de su comunidad. Allí se enfrentan a la hostilidad de los miembros locales del Ku Klux Klan (KKK).
Con el tiempo, los negocios de propiedad de personas negras han sido promocionados como una vía hacia la liberación dentro del sistema de supremacía blanca. Pero ¿podrán ellos integrarse con éxito en las clases propietarias sin convertirse ellos mismos en vampiros?
En su primera noche de actividad, se topan con las contradicciones inherentes como aspirantes a empresarios capitalistas. En su juke joint (local de música y baile), desean atender a la la comunidad negra; sin embargo, descubren que muchos solo pueden pagar con monedas de madera que les entregan los capataces de las plantaciones. Esta moneda ficticia solo era aceptada en las tiendas de la propia compañía, fue diseñada precisamente para mantener a los trabajadores en un estado de dependencia dentro del sistema de Jim Crow.
Los hermanos entran de inmediato en conflicto. En la primera noche se ven obligados a elegir: priorizar el lucro o servir a su comunidad. Esto pone de manifiesto las contradicciones inherentes a la búsqueda de la liberación mediante el ascenso en la jerarquía capitalista. Los hermanos deciden no rechazar a nadie.
Los vampiros entran en escena—los antagonistas de la película. Intentan convencer a los hermanos de que se sometan voluntariamente a la transformación vampírica. El líder es un irlandés llamado Remmick, quien apela a la identidad, basándose en su propia experiencia como irlandés cuya cultura fue marginada bajo el imperialismo británico.
A pesar de ser blanco, Remmick ofrece a los hermanos la promesa de una sociedad posracial mediante la fusión con el colectivo vampírico, que funciona como una mente colmena. Les dice, “yo soy su salida. Este mundo ya os ha dado por muertos. No os dejará construir. No os dejará crear comunidad. Nosotros haremos precisamente eso”.
Les ofrece el poder y el potencial de crecimiento que tanto anhelan, pero a costa de su humanidad. Este es un momento impactante si se interpreta como una alegoría de las falsas promesas de movilidad social.
Hacia el final, Smoke muere en un valiente enfrentamiento final a tiros contra el KKK. Stack sobrevive convertido en vampiro. Un hermano eligió el sacrificio revolucionario por su comunidad, mostrándonos cómo la resistencia perece sin una organización colectiva. Sin organización, la lucha se fragmenta. Algunos caen resistiendo, otros son absorbidos por el sistema.
A lo largo del filme, percibimos el impacto del racismo como una fuerza que los rodea. Desde el conflicto surgido al adquirir su local de manos de un hombre blanco, pasando por la segregación en los comercios, hasta la aparición del KKK para castigar a los personajes por su intento de convertirse en empresarios.
Históricamente, el capitalismo requiere la supremacía blanca para mantener su maquinaria en marcha. A través de los propietarios de plantaciones que se lucraban con el comercio transatlántico de esclavos, o mediante las leyes de Jim Crow, que crearon estructuras destinadas a confinar a la población negra en una clase trabajadora explotada. Incluso hoy en día, el racismo, el sistema penitenciario y el capitalismo perpetúan estas prácticas a través del trabajo carcelario. Los males de la explotación capitalista retratados en Sinners siguen vigentes; pero ahora lucen una máscara diferente.
Celebrar nuestra propia cultura —así como la de otros— puede ser algo hermoso. Pero, la unidad de clase y la organización son principios que todos los trabajadores deben tener siempre presentes. No podemos sucumbir a la seducción de una cultura que promueve ideas nacionalistas, las cuales fragmentan a nuestra clase y nos apartan del camino de la revolución.
En el marco de la lucha, solo somos libres si todos somos libres. Ese objetivo solo podremos alcanzarlo mediante un liderazgo político sólido y una organización eficaz. La tarea no consiste en elegir entre sobrevivir o “ascender”, sino en construir un poder colectivo. No existe liberación alguna dentro de ninguna variante del capitalismo. Solo la lucha organizada de la clase trabajadora —consciente y unida por encima de las divisiones impuestas— podrá poner fin a este sistema.
Lee Nuestro Folleto:
“Para Ponerle Fin Al Racismo: Movilicemos a Las Masas Para El Comunismo”
