EL SALVADOR, 20 de abril— Nueve camaradas discutimos como la vida de la clase trabajadora bajo el capitalismo no vale nada. “Publicitaban el evento en Coachella, mientras miles consumen ‘experiencias’ en el desierto, el mundo arde. Guerras imperialistas, crisis, hambre, desplazamientos. Es la otra cara que Coachella oculta. No es una contradicción: es el mismo sistema, el que produce miseria para toda la clase trabajadora y lujo para unos pocos” expresó A.
Cada año, el festival Coachella Valley Music and Arts Festival se presenta como “un símbolo de cultura, libertad y celebración”. Miles de jóvenes viajan, consumen música, moda y experiencias bajo el sol del desierto. “Detrás de esa imagen construida, Coachella funciona como un engranaje más de la maquinaria del capitalismo global”, agregó J.
“Así es, no es cultura, es negocio. Un escaparate del capitalismo donde la música. La rebeldía y la identidad se venden al mejor postor. Nada ahí es libre. Todo tiene precio”, dijo D. “No es solo un festival. Es una vitrina del consumo”.
“La ironía es que Coachella se creó originalmente para combatir los festivales con precios excesivos y ahora se ha transformado en contra lo que se rebeló hace 26 años. No se puede cambiar el sistema desde dentro” nos compartió un camarada de Los Ángeles.
El festival de este año se promocionó con tener la primera banda salvadoreña en tocar allí, Los Hermanos Flores, y Karol G, la primera artista latina en el evento. Está claro que el atractivo de la cultura se utiliza y manipula para promocionar el festival como culturalmente sensible y diverso.
Las entradas, los patrocinadores, las marcas, la mercantilización de la estética “alternativa”, todo diseñado para convertir la cultura en mercancía. La música deja de ser expresión y se transforma en producto; la identidad en imagen vendible; la experiencia en contenido para redes sociales. En ese sentido, Coachella no es una excepción, sino una forma concentrada de cómo opera el capitalismo contemporáneo.
Este espectáculo no es casual, cumple su función: distraer, fragmentar, despolitizar. “En lugar de cuestionar el sistema, se ofrece una válvula de escape. Un espacio donde todo parece posible, pero solo mientras se pueda pagar. Por lo que debemos fortalecer la conciencia de clase e infundir nuestras ideas comunistas y abrir los ojos a todos los jóvenes de la cortina de humo que crea este sistema podrido de ganancias”, enfatizó C.
Las expresiones de crítica dentro del propio festival así como artistas que hablan de justicia social o mensajes políticos en escenarios, terminan absorbidos por la lógica del mercado capitalista.
El problema no es la música, el arte, o la necesidad de encontrarse y expresarse colectivamente. El problema es que estos espacios culturales terminan subordinados a las ganancias.
“El capitalismo domina la economía, la vida, el tiempo libre, el arte, los sueños. Mientras no se cuestione, cada “festival” será solo otra vitrina de desigualdad. No hay cultura libre en un sistema basado en la explotación. No hay arte libre donde todo se compra y vende. El espectáculo continúa, la guerra y la miseria también.
La pregunta no es si Coachella es “bueno” o “malo”, sino ¿qué representa? Y eso es una cultura capturada por el mercado, donde la experiencia colectiva es reemplazada por consumo individual, donde el acceso está determinado por la capacidad de pago.
El futuro está en nuestras manos. Acabemos con el capitalismo, todas sus formas y prácticas. Incluso con todos sus gigantes corporativos.
Con el comunismo la vida será pacífica. No más naciones, guerras sangrientas o propiedad privada. El arte, la cultura y el sano esparcimiento será para todos. Sin empresas de ninguna clase, nada se venderá o se comprará. Luchemos por poner fin al sistema de ganancias. ¡Luchemos por nuestra revolución comunista! ¡Únete al PCOI!

