
Llevando Las Ideas Comunistas A Miles de Personas
LOS ÁNGELES (EE.UU.), 1° de mayo — Al reunirnos en el Parque MacArthur —camaradas, mayores y jóvenes— nos llenaba una sensación compartida: aquello no era solo una tradición, sino una continuación. Una continuación de lucha, de organización, de la labor de construcción orientada a la movilización por el comunismo.
Al incorporarnos a la marcha, con pilas del periódico empuñadas, una camarada recién incorporada caminaba a mi lado, contemplando la multitud de tal vez diez mil personas que se extendía a lo largo de varias manzanas.
“Hay tanta gente de pie… ¿es esto normal?”, preguntó, sorprendida y algo inquieta.
Asentí con la cabeza. “Sí. Pero vamos a empezar pronto”, respondí, mientras distribuíamos ejemplares de Bandera Roja entre los trabajadores que seguían llegando sin cesar. Nuestros discursos comunistas hablaban con profunda convicción sobre la necesidad de destruir el capitalismo y de que los trabajadores se unieran para luchar por un mundo comunista, libre de patrones y de fronteras. Los trabajadores escuchaban con atención mientras recibían Bandera Roja.
La marcha de este año se destacó por estar repleta de trabajadores de numerosos sindicatos y de todos los ámbitos de la vida. Trabajadores que se habían tomado el día libre en sus empleos, estudiantes que marchaban junto a sus amigos, personas mayores que, a todas luces, ya habían estado allí en otras ocasiones… todos extendían la mano, curiosos, receptivos y, a veces, llenos de entusiasmo.
Los camaradas más jóvenes salieron al frente sin vacilar, encabezando las consignas y coordinando el movimiento. No fue algo forzado; surgió de manera espontánea. El liderazgo no fue asignado; fue asumido.
Nuevos amigos como viejos camaradas se sumaron a nuestro contingente.
En un momento dado, aquella misma camarada se volvió hacia mí de nuevo, esta vez con mucha más energía.
“No esperaba sentirme así”, comentó. “Se siente… real”. “¡Lo es!”, respondí. “Así es como se ve el trabajo de construcción. No es perfecto, no está terminado, pero está en movimiento”.
Había orgullo en lo que estábamos haciendo. Un orgullo que nacía de la claridad; de saber que la distribución de nuestra literatura es un acto intencionado. Forma parte del proceso de preparación, organización y de ir más allá de las reformas para alcanzar la revolución. Las reformas tienen, por naturaleza, el objetivo de hacer que el capitalismo resulte más tolerable y, en última instancia, de preservarlo. Son lo opuesto a la revolución. Nosotros nos integramos en los movimientos de masas para ganar a nuestros hermanos de clase para la alternativa revolucionaria. Mientras marchábamos por las calles, nuestras consignas resonaban en las fachadas de los edificios. “¡Este puño sí se ve: los obreros al poder!” resonó mientras nuestro contingente —multigeneracional e internacional— se erigía como un reflejo de lo que es posible. No solo resistencia, sino rumbo. Éramos el único partido comunista internacional presente.
Llevamos más de 1,300 ejemplares de Bandera Roja, pero se nos agotaron a mitad de la marcha. Un camarada observó los últimos ejemplares que sostenía en la mano y sonrió: “Deberíamos haber traído más”.
Lee Nuestro Folleto:
“Luchemos Por El Día En Que Ningún Trabajador Sea Llamado Extranjero”
