Política Y Cultura De Masas: Una Crítica A Coachella y a “Sinners”

Coachella aquí ♦ Carta: Sinners aquí ♦


“El arte es un arma”, escribió el muralista comunista David Alfaro Siqueiros, “que penetra los ojos, los oídos, los sentimientos humanos más profundos y sutiles”.

Coachella: Espectáculo, Lujo y Podredumbre Capitalista En Tiempos De Guerra

EL SALVADOR, 20 de abril— Nueve camaradas discutimos como la vida de la clase trabajadora bajo el capitalismo no vale nada. “Publicitaban el evento en Coachella, mientras miles consumen ‘experiencias’ en el desierto, el mundo arde. Guerras imperialistas, crisis, hambre, desplazamientos. Es la otra cara que Coachella oculta. No es una contradicción: es el mismo sistema, el que produce miseria para toda la clase trabajadora y lujo para unos pocos” expresó A.

Cada año, el festival Coachella Valley Music and Arts Festival se presenta como “un símbolo de cultura, libertad y celebración”. Miles de jóvenes viajan, consumen música, moda y experiencias bajo el sol del desierto. “Detrás de esa imagen construida, Coachella funciona como un engranaje más de la maquinaria del capitalismo global”, agregó J.

“Así es, no es cultura, es negocio. Un escaparate del capitalismo donde la música. La rebeldía y la identidad se venden al mejor postor. Nada ahí es libre. Todo tiene precio”, dijo D. “No es solo un festival. Es una vitrina del consumo”.

“La ironía es que Coachella se creó originalmente para combatir los festivales con precios excesivos y ahora se ha transformado en contra lo que se rebeló hace 26 años. No se puede cambiar el sistema desde dentro” nos compartió un camarada de Los Ángeles.

El festival de este año se promocionó con tener la primera banda salvadoreña en tocar allí, Los Hermanos Flores, y Karol G, la primera artista latina en el evento. Está claro que el atractivo de la cultura se utiliza y manipula para promocionar el festival como culturalmente sensible y diverso.

Las entradas, los patrocinadores, las marcas, la mercantilización de la estética “alternativa”, todo diseñado para convertir la cultura en mercancía. La música deja de ser expresión y se transforma en producto; la identidad en imagen vendible; la experiencia en contenido para redes sociales. En ese sentido, Coachella no es una excepción, sino una forma concentrada de cómo opera el capitalismo contemporáneo.

Este espectáculo no es casual, cumple su función: distraer, fragmentar, despolitizar. “En lugar de cuestionar el sistema, se ofrece una válvula de escape. Un espacio donde todo parece posible, pero solo mientras se pueda pagar. Por lo que debemos fortalecer la conciencia de clase e infundir nuestras ideas comunistas y abrir los ojos a todos los jóvenes de la cortina de humo que crea este sistema podrido de ganancias”, enfatizó C.

Las expresiones de crítica dentro del propio festival, así como artistas que hablan de justicia social o mensajes políticos en escenarios, terminan absorbidos por la lógica del mercado capitalista.

El problema no es la música, el arte, o la necesidad de encontrarse y expresarse colectivamente. El problema es que estos espacios culturales terminan subordinados a las ganancias.

“El capitalismo domina la economía, la vida, el tiempo libre, el arte, los sueños. Mientras no se cuestione, cada “festival” será solo otra vitrina de desigualdad. No hay cultura libre en un sistema basado en la explotación. No hay arte libre donde todo se compra y vende. El espectáculo continúa, la guerra y la miseria también.

La pregunta no es si Coachella es “bueno” o “malo”, sino ¿qué representa? Y eso es una cultura capturada por el mercado, donde la experiencia colectiva es reemplazada por consumo individual, donde el acceso está determinado por la capacidad de pago.

El futuro está en nuestras manos. Acabemos con el capitalismo, todas sus formas y prácticas. Incluso con todos sus gigantes corporativos.

Con el comunismo la vida será pacífica. No más naciones, guerras sangrientas o propiedad privada. El arte, la cultura y el sano esparcimiento será para todos. Sin empresas de ninguna clase, nada se venderá o se comprará. Luchemos por poner fin al sistema de ganancias. ¡Luchemos por nuestra revolución comunista! ¡Únete al PCOI!

Carta: Sinners: Destruyan El Dinero y El Capital Con Violencia Comunista Revolucionaria

La película de vampiros Sinners ganó cuatro premios Óscar. Su guionista, productor y director, Ryan Coogler, obtuvo el galardón por el Mejor Guion Original.

“¿Qué les pareció la película?”, pregunté a varios amigos.

“Me encantó; tiene tantas capas que necesito verla de nuevo”.

“Me gustó mucho como la música blues constituía una parte integral de la trama”.

“La implacable lucha contra los vampiros fue impresionante”, fueron algunas de las respuestas.

Pero, todos con quienes hablé pasaron por alto la sutil, aunque mordaz, crítica al dinero —y, por extensión, al capital. En sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Marx desarrolla la idea del dinero como el nexo social supremo que, en última instancia, invierte la realidad humana. Así, el dinero se convierte en el “agente universal de separación” y en una “fuerza invertida” que transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio y la virtud en vicio.

En la película, los gemelos Moore intentan utilizar el dinero ganado en Chicago para “comprar” su regreso a la comunidad —y su propia redención—. Sin embargo, ese dinero (el nexo) actúa como una barrera: los lugareños los miran con recelo y, al final, el capital no logra comprar el respeto ni la seguridad que ellos buscan dentro de un sistema segregado y racista. Aquí, el dinero suplanta las relaciones humanas genuinas; en lugar de conectarnos a través de lo que somos, nos conectamos a través de lo que podemos comprar.

Marx escribió que el dinero puede hacer que un hombre cobarde parezca valiente, o lograr que un hombre feo sea “amado”. Aquí, las monedas de oro ofrecidas por el vampiro Remmick forman parte de esta inversión. La promesa de riqueza transforma el deseo de libertad de personajes como Mary en una servidumbre eterna. El dinero “invierte” su humanidad: para alcanzar la “vida eterna” (riqueza/poder), deben morir como seres humanos y convertirse en parásitos (vampiros).

“El capital es trabajo muerto que, como vampiro, solo vive de chupar trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa”, afirma Marx en El capital. En Sinners, el vampirismo sirve como una representación literal de este concepto marxista. Los vampiros no buscan solo sangre; buscan apropiarse de la vitalidad cultural y del arte —específicamente del blues— para transformarlos en mercancías inertes.

En la sección de El capital donde analiza la transición del feudalismo al capitalismo, Marx añade: “Si el dinero, según Augier, ‘viene al mundo con una mancha de sangre en una mejilla’, el capital nace chorreando sangre y mugre por cada poro, de pies a cabeza”.

Esto es el capitalismo: nacido para alimentarse de la sangre de la humanidad. Nos ha despojado de nuestra propia existencia. Y continúa haciéndolo. Especialmente en tiempos de destrucción ambiental, de genocidios reiterados, de secuestros y desapariciones, de una Tercera Guerra Mundial y de muchas otras atrocidades.

Ante esto, la única opción que nos queda es la violencia organizada. Al igual que la de los cazavampiros choctaw y la comunidad que hizo frente a la embestida que enfrentaron, tal como se retrata en Sinners.

Sin embargo —a diferencia de la suya—, la nuestra será una violencia organizada, revolucionaria y comunista que desenterrará al capitalismo —junto con su capital y su dinero— de manera total y definitiva. Y, en el proceso, construiremos un mundo comunista: un mundo en pleno desarrollo, que avanza hacia su plena madurez, donde cada ser humano vivirá su humanidad en toda su plenitud.

—Poeta marxista

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