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Carta: Lluvias Récord Dejan Sedientos a Sudafricanos
“¡Agua, agua por doquier, más ni una gota para beber!’. Estos son versos famosos del poema de 1798 de Samuel Taylor Coleridge, La balada del viejo marinero. Pero esta es la realidad, no solo el lamento de un viajero perdido en el mar. Exige una revolución comunista.
Grandes zonas de Sudáfrica fueron testigo de lluvias más intensas jamás registradas, seguidas de vientos devastadores. Aquí, en Port Elizabeth, recibimos el 130 % de la precipitación media anual en menos de una semana.
Irónicamente, esto hizo que millones de personas anhelaran una sola gota de agua. Todas las zonas de captación de agua ahora la están soltando hacia el océano para evitar el colapso de las presas, ya debilitadas. Se estima que solo queda un 11 % del agua durante la temporada invernal y, en algunos casos, tan solo un 1 %. El resultado es una población sedienta y enfurecida.
La corrupción, la codicia por las ganancias y el abandono de las masas son sellos distintivos de un capitalismo moribundo.
— Camarada sediento
Carta:Generaciones de Lucha
“Nací en 1954”, dijo la madre de un camarada. “Me enviaron a las zonas rurales. Cuando tenía catorce años, la policía se llevó a nuestro director del coro debido a una canción que estábamos cantando. Era una canción en xhosa. Te la traduciré. ‘Nuestra tierra está dañada, la tierra de nuestros antepasados’.
“Aprobé el examen de matriculación en la zona rural de Peddie. Al año siguiente, fui al Hospital Livingston, en Port Elizabeth. Me estaba formando como enfermera. Era la época de los disturbios. Se incendiaban casas, se bloqueaban carreteras y la policía disparaba por todas partes. Entre las cosas por las que luchábamos estaban; ‘no al afrikáans en nuestras escuelas’ y ‘educación igualitaria’.
“Abandoné la enfermería porque no podía soportar ver las heridas. No podía tolerar ver a la gente herida de esa manera”.
En su lugar, se hizo maestra. Ahora está jubilada.
El régimen colonial obligó a masas de trabajadores rurales a trasladarse a asentamientos segregados, semejantes a prisiones. Sus idiomas, cultura y hábitos alimenticios fueron modificados para adaptarse a las necesidades del lucro capitalista. Sudáfrica se convirtió en un Estado de apartheid.
Recientemente, llevamos a un camarada a un hospital. Justo en la entrada, había un letrero llamativo que dirigía a la gente a la morgue, antes de que pudiéramos encontrar un letrero para Urgencias. Estos son los vestigios de la época del apartheid. Cuando los hospitales recibían grandes cantidades de heridos, muchos de ellos fallecían.
Ahora organizamos el PCOI en la misma escuela donde la maestra jubilada había impartido clases. Nos reunimos con estudiantes jóvenes, de catorce años en adelante. Están recibiendo una educación comunista basada en el materialismo dialéctico y cómo utilizarlo para cambiar el mundo.
—Camarada veterano
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