Los Gobernantes Capitalistas Chinos Construyen el Nacionalismo

Krai de Jabárovsk (Rusia), 12 de abril—Cientos de trabajadores de la construcción chinos reclamaron a la empresa contratista rusa Petro-Hehua el pago de los salarios atrasados. Se trata de una filial del grupo industrial chino Haihua Industry. Estaban construyendo una unidad de producción de combustible en una refinería de Rosneft situada cerca de la frontera nororiental de China. Posteriormente, algunos de ellos organizaron una sentada en un parque cercano.

Las Masas Tienen Que Construir el Comunismo Internacional

La nueva “Ley de Progreso de Unidad Étnica” en China no se trata únicamente de cultura o de normativas gubernamentales. Forma parte de un plan más amplio del gobierno chino destinado a reforzar el sentido de unidad nacional entre la población, mantener la estabilidad social y asegurar que el Partido Comunista conserve el control del poder. Esto cobra especial relevancia en el momento actual, dado que China enfrenta desafíos tanto internos como externos.

La propaganda en torno a la nueva ley se basa en ideas como la “sangre compartida” y el “destino común”, ideas diseñadas para fomentar en la población un sentimiento de mayor cohesión como una nación. El objetivo es juntar cosas como la cultura, la etnia, el gobierno y el Partido Comunista en una sola idea. De este modo, China se presenta no solo como una nación forjada por la historia, sino como una civilización que a perdurado por miles de años y no puede ser dividida.

Todo esto transforma las cuestiones políticas en cuestiones morales. Cuando el gobierno afirma representar a la civilización en su conjunto y encarnar el futuro de la nación, el estar desacuerdo con el Partido no solo llega a ser un problema político, pero también algo en contra la unidad nacional. Cuestiones sobre grupos étnicos, la autonomía local o la interpretación de la historia dejan de estar abiertas al debate. Y llegan a ser una prueba de lealtad a la patria.

El Partido Comunista de China ha cambiado sus ideas de cuando empezó. En el pasado, su enfoque se enfocaba en la lucha de clases y el internacionalismo; hoy, sin embargo, el Partido prioriza el nacionalismo, el orgullo por la civilización china y la lealtad al país. En vez de usar el comunismo para impulsar grandes cambios, el Partido promueve la unidad nacional y la centralización de la autoridad política.

La situación actual en China se parece un poco con lo acontecido en la Unión Soviética a finales de la década de 1930, antes de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, el gobierno soviético recurrió al nacionalismo y a las narrativas patrióticas, combinándolos con ideas comunistas, para preparar a la población para el gran conflicto. Se usaron figuras heroicas del pasado, se intensificaron los mensajes patrióticos y la lealtad a la patria con la lealtad al Partido Comunista se hicieron iguales. El objetivo principal no era simplemente infundir orgullo cultural en la ciudadanía, sino garantizar la unidad interna del país en un momento de gran inestabilidad geopolítica.

Hoy en día, China parece avanzar en una dirección similar a la que tomó la Unión Soviética en el pasado, aunque hoy la situación es diferente. Existe una intensa y encarnizada rivalidad entre Estados Unidos y sus aliados (la OTAN) y Rusia y China. Esta rivalidad se extiende desde Asia (Taiwán) hasta Europa del Este (Ucrania), pasando por África (el Congo), el continente americano (Venezuela) y Oriente Medio (Gaza e Irán). Ante estos desafíos, los gobernantes chinos consideran imperativo impulsar la nueva “Ley sobre el Progreso y la Unidad Étnica”.

Esta ley evidencia el intento de China por reforzar la legitimidad de su gobierno usando el nacionalismo, la historia y el orgullo por su civilización. Más específicamente, la ley también tiene por objeto lograr que las masas chinas respalden al país en una guerra más amplia. Intenta hacer que las masas se sientan que “comparten la misma sangre” y que “comparten el mismo destino”, para que así estén dispuestas a defender a su “madre patria”.

Las masas en China y en otros países no tienen nada en común con los que están en el poder. No importa si los líderes provienen de un supuesto partido comunista, de un partido religioso o de cualquier otro partido capitalista burgués. Las masas no comparten sangre o comparten destino con ningunos de sus explotadores promotores de guerras.

Por el contrario, las masas de todo el mundo deben unirse, trascendiendo fronteras y naciones, líneas étnicas y religiosas, así como divisiones raciales y ancestrales, para construir el PCOI. Deben movilizarse en favor del comunismo y crear las condiciones necesarias para la revolución, con el fin de edificar un mundo comunista, libre de la dominación capitalista. Un mundo en el que la humanidad prospere trabajando unida y cuidando los unos de los otros.

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