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Uitenhage: 20 de junio — Trabajadores de VW reciben Bandera Roja al salir del trabajo.
Carta: Organizando Para El Comunismo en Nuestros Lugares de Trabajo
Estoy aquí como miembro del PCOI. Mi política comienza donde la mayoría de nosotros pasamos 8, 10 o 12 horas. En el trabajo, en la fábrica, en los hospitales. PCOI significa Partido Comunista Obrero Internacional, y para nosotros, el comunismo no es solo una consigna de un libro. Es la idea de que la gente que crea toda la riqueza, que somos nosotros, deberíamos decidir cómo se utiliza. Sin patrones, sin priorizar las ganancias sobre las personas. Solo trabajadores planificando la producción para satisfacer las necesidades humanas.
Nos dicen que el sistema está roto. Yo digo que funciona exactamente como fue diseñado: para mantenernos divididos, atemorizados y agotados. Divididos por raza, nacionalidad, religión, etc. En el lugar de trabajo, en los piquetes de huelga, descubrimos la verdad: el patrón nos necesita a todos para obtener sus ganancias. Esto significa que todos tenemos el poder de paralizarlo todo y construir algo nuevo.
Aquí es donde entra en juego el comunismo. Entonces, ¿qué hacemos? Nos organizamos; no solo por mejores salarios —aunque también luchamos por eso—, sino porque la lucha más importante es por el comunismo. Hablamos de ello a la hora del almuerzo, distribuimos Bandera Roja, unimos a soldados, estudiantes, trabajadores, etc., porque la lucha por el comunismo no tiene fronteras.
El camino no será fácil. Todos los patrones, todos los gobiernos y todas las cadenas de televisión dirán que estamos soñando. Pero nosotros elegimos la clase social por encima de la nación. Somos capaces de convertir ese sueño en realidad. ¡Únete a nosotros y lucha con nosotros por el comunismo!
—Camarada trabajador en Sudáfrica
Carta: Camaradas y Hermanos de Clase, ¡Saludos Revolucionarios!
Llegar 10 minutos tarde a la fábrica en más de 20 años de trabajo bastó para que me amonestaran y amenazándome con descontarme el día de trabajo más el séptimo. Además, de impedirme la entrada a la fábrica. El capitalismo es el ladrón más descarado de la historia.
Llevan varios meses que desintegraron el módulo en el que yo producía en la máquina, con el fin de desesperarme y a otras compañeras más. No hemos permitido que nos manejen a su antojo. Hemos resistido, pues cuando han intentado moverme a otro sitio las compañeras se han solidarizado. Y en grupo no hemos permitido esos cambios.
En el Partido Comunista Obrero Internacional he aprendido que el arma eficaz es la conciencia de clase. Y que el enemigo de clase es el patrón que manipula, amenaza, explota al obrero para quedarse con las ganancias. Entender mi posición como obrero me ha mantenido firme en la lucha comunista. No hay lugar para creer en ilusiones capitalistas.
Pero en esta contradicción de patrono y trabajador, también hemos aprendido que es necesario mostrar a las masas obreras que es importante luchar directamente por el comunismo para terminar con el horror capitalista.
El trabajo político en las fábricas es bastante controversial pues patronos y sindicatos hacen un mismo papel. Favoreciendo al sistema y no a nuestra clase. Y dicen que no podemos representar a los trabajadores por no tener una identidad legal.
Nuestra lucha es contundente ante el patrón que quiere aplastarnos, a los obreros organizados en el PCOI.
Trabajar en la fábrica de costura es vivir bajo una vida de miseria donde la clase obrera está expuesta a maltratos verbales y psicológicos. Y ellos lo hacen parecer que eso es normal. Nos niegan los permisos personales aun para una consulta médica personal o familiar.
Ante esta explotación capitalista, más lucha comunista.
—Obrero Rojo.
Carta: Generaciones de Lucha
“Nací en 1954”, dijo la madre de un camarada. “Me enviaron a las zonas rurales. Cuando tenía catorce años, la policía se llevó a nuestro director del coro debido a una canción que estábamos cantando. Era una canción en xhosa. Te la traduciré. ‘Nuestra tierra está dañada, la tierra de nuestros antepasados’.
“Aprobé el examen de matriculación en la zona rural de Peddie. Al año siguiente, fui al Hospital Livingston, en Port Elizabeth. Me estaba formando como enfermera. Era la época de los disturbios. Se incendiaban casas, se bloqueaban carreteras y la policía disparaba por todas partes. Entre las cosas por las que luchábamos estaban; ‘no al afrikáans en nuestras escuelas’ y ‘educación igualitaria’.
“Abandoné la enfermería porque no podía soportar ver las heridas. No podía tolerar ver a la gente herida de esa manera”.
En su lugar, se hizo maestra. Ahora está jubilada.
El régimen colonial obligó a masas de trabajadores rurales a trasladarse a asentamientos segregados, semejantes a prisiones. Sus idiomas, cultura y hábitos alimenticios fueron modificados para adaptarse a las necesidades del lucro capitalista. Sudáfrica se convirtió en un Estado de apartheid.
Recientemente, llevamos a un camarada a un hospital. Justo en la entrada, había un letrero llamativo que dirigía a la gente a la morgue, antes de que pudiéramos encontrar un letrero para Urgencias. Estos son los vestigios de la época del apartheid. Cuando los hospitales recibían grandes cantidades de heridos, muchos de ellos fallecían.
Ahora organizamos el PCOI en la misma escuela donde la maestra jubilada había impartido clases. Nos reunimos con estudiantes jóvenes, de catorce años en adelante. Están recibiendo una educación comunista basada en el materialismo dialéctico y cómo utilizarlo para cambiar el mundo.
—Camarada veterana
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