Más Cartas: Críticas y Sugerencias

Carta: Música capitalista aquí ♦ Carta: Las Semillas del Comunismo aquí ♦ Carta: Los Patrones del Mundo No Usarán Armas Nucleares aquí ♦

Las masas chinas expresan sus opiniones a través de carteles con “letras grandes”, 1966

Carta: Más Allá de Gestos Simbólicos: Organizar a las Masas para el Comunismo

Un saludo fraterno camaradas.

Al leer Bandera Roja, coincido en que la actuación de The Strokes en Coachella mostró que incluso dentro de los espacios creados por el capitalismo pueden surgir voces de protesta y gestos que incomodan al poder.

Sin embargo, también creo que es importante no perder de vista la contradicción de fondo o diluirla. Una canción, por poderosa que sea, no puede sustituir la organización consciente de la clase trabajadora ni reemplazar la lucha política necesaria para transformar la realidad. Coachella sigue siendo, ante todo, un escaparate del capitalismo cultural, donde el arte se convierte en mercancía y la rebeldía corre el riesgo de ser absorbida como espectáculo.

Por eso, más que celebrar únicamente el gesto simbólico, debemos subrayar su límite y su potencial. Mientras miles de trabajadores enfrentamos salarios insuficientes, alquileres imposibles, jornadas agotadoras y el encarecimiento constante de la vida, el sistema ofrece festivales exclusivos y mensajes de protesta empaquetados como entretenimiento.

Esa es la verdadera contradicción que debemos señalar. El capitalismo convierte incluso la crítica en producto, pero no puede borrar las condiciones materiales de explotación que vivimos la mayoría como clase trabajadora.

El imperialismo, la explotación y la mercantilización de la cultura no desaparecerán por voluntad de las corporaciones ni por actos aislados de rebeldía. Además, no debemos olvidar que los artistas, incluso cuando se rebelan por un instante, siguen obteniendo ganancias dentro de este sistema. Y en muchos casos, ciertos actos de provocación también funcionan como una forma de llamar la atención, vender más y fortalecer su propia imagen dentro del mercado.

Precisamente por eso, la respuesta no puede quedarse en la admiración pasajera ni en la indignación momentánea. La tarea verdadera es convertir esa incomodidad en conciencia de clase, organización y lucha comunista. Solo el comunismo ofrece una salida real frente a un sistema que mercantiliza la cultura, precariza la vida y convierte toda forma de rebeldía en negocio.

La pregunta, entonces, sigue siendo la misma: ¿de qué lado estamos? Y ¿cuánto más vamos a esperar? ¿Del lado del espectáculo capitalista o del lado de la clase trabajadora que lucha por derribar este orden y construir una sociedad comunista?

Por eso, la lucha no es quedarnos solo con el gesto, sino organizarnos masivamente, unirnos al PCOI y distribuir Bandera Roja para fortalecer la lucha consciente de la clase trabajadora y avanzar hacia el comunismo.

—Camarada en El Salvador

Carta: Las Semillas del Comunismo: El Combinar el Trabajo Intelectual y el Manual

Nuestro manifiesto Movilizar a las Masas por el Comunismo (MMC) explica que en el comunismo eliminaremos la esclavitud asalariada y romperemos la división entre el trabajo intelectual y el manual. Ambos se combinarán. Nadie realizará únicamente el uno o el otro.

MMC afirma que en el comunismo el agrónomo y el trabajador agrícola serán la misma persona. Un amigo comentó que le parecía una idea idealista; creía que no era posible, que era una meta inalcanzable.

Muchas experiencias muestran que lo que ocurre es todo lo contrario. Se trata de una postura materialista, basada en la historia y en la práctica, no en el idealismo. Muchos con experiencia directa —y otros que conocen a quienes la tienen— hablan sobre la mejor manera de cultivar alimentos, empleando tanto la ciencia como los conocimientos prácticos adquiridos sobre los métodos óptimos para producir frutas y verduras saludables. Unos señalan que el suelo está agotado y necesita reponerse. Antiguamente, se rotaban los cultivos y se daba tiempo a la tierra para regenerar los nutrientes necesarios; los insectos y otros animales contribuían al proceso. Un conocido de Fresno afirma que los fertilizantes, en realidad, empobrecen el suelo.

Hoy en día, debido a la guerra contra Irán y al cierre del estrecho de Ormuz, el precio de los fertilizantes se ha disparado, al igual que el del combustible. Las frutas y verduras son más caras y escasean. Muchos están indignados y preocupados por la situación. Pero, cuando el objetivo de la producción es satisfacer las necesidades cotidianas de la población en lugar de generar ganancias, no se necesitan fertilizantes. Es posible enriquecer el suelo con nutrientes saludables.

Esto me hace comprender lo acertado que es el planteamiento de MMC: que el agrónomo y el trabajador agrícola deben ser —y serán— la misma persona. Un partido de masas como el PCOI alentará a quienes cultivan alimentos a desarrollar la ciencia de los suelos sanos y las mejores prácticas agrícolas. Las masas participarán en este esfuerzo. Podrán apoyarse en los conocimientos de sociedades anteriores a la agricultura industrial capitalista, que trataban la tierra con éxito y cultivaban una gran variedad de frutas y verduras nutritivas y vitales. Además, colectivamente —y sin los obstáculos de la búsqueda de ganancias o la competencia— podrán hacer avanzar este conocimiento científico mediante la teoría y la práctica.

El conocimiento colectivo y las labores de siembra y cosecha se combinarán con la ciencia. Esta conversación y esta lucha no pueden esperar a un futuro lejano. Muchos están enfadados y preocupados por la falta de alimentos saludables que no pueden comprar. Les preocupa la guerra. Ahora están abiertas a la revolución comunista.

La agricultura industrial capitalista, orientada a las ganancias y a la venta, anuló la agricultura de subsistencia saludable destinada a satisfacer las necesidades de las masas. El trabajo colectivo, la experiencia y la ciencia comunistas —combinando práctica y teoría, así como trabajo manual e intelectual— anularán la producción industrial de alimentos del capitalismo, basada en las ganancias. El comunismo preservará lo mejor del pasado y lo elevará colectivamente a un nivel superior. El comunismo supondrá alimentos saludables para todos —producidos y compartidos colectivamente— sin necesidad de dinero.

—Una camarada

Carta: Los Patrones del Mundo No Usarán Armas Nucleares

Bandera Roja habla mucho sobre la guerra nuclear como si fuera una posibilidad real e incluso inminente. Se toma en serio las bravuconadas de los patrones sobre su uso. Esto es un error y resulta daña nuestra causa.

Por ejemplo, un artículo del volumen 15, número 9, afirmaba que la invasión del Líbano es “otro paso en una 3ª guerra mundial en desarrollo” y que el mundo está “al borde de una confrontación nuclear”.

Un artículo más reciente, sobre Ucrania, decía que “el imperialismo estadounidense lleva al mundo al borde de la devastación nuclear”. En otra parte, Bandera Roja afirma que, hasta que no se establezca el comunismo a nivel mundial, “la guerra nuclear seguirá siendo una posibilidad catastrófica”.

Se supone que, la guerra convencional conduce inevitablemente a la nuclear de la siguiente manera: un bando (A) toma ventaja y el otro (B), temiendo la derrota, “recurre” a las armas nucleares.

El problema es que el otro bando entonces “recurre’ a sus propias armas nucleares y se produce un intercambio devastador. Pero resulta obvio que el bando B no sale ganando, ya que nadie triunfa en un intercambio nuclear: es la Destrucción Mutua Asegurada (DMA).

De hecho, ambos quedan en peor situación, lo único que logran al destruirse mutuamente es crear un vacío de poder para competidores como C, D, E, etc. Por ejemplo, si EE.UU. y China se destruyeran entre sí, Europa y Rusia se beneficiarían, por no hablar de la India y América Latina.

La lógica es sencilla pero sólida, por eso creo que los adversarios —incluso en una 3ª Guerra Mundial a gran escala— llegarían a un acuerdo de no utilizar armas nucleares.

Que no quepa duda: si los patrones evitan un intercambio nuclear, no es porque sus corazones estén llenos de compasión por las posibles víctimas. En el pasado, no han dudado en matar a millones de personas para promover sus intereses. Si renuncian al uso de armas nucleares, es porque no les conviene.

Existen numerosos precedentes históricos de tales acuerdos. Durante la 2ª Guerra Mundial, ambos bandos disponían de armas químicas y biológicas, pero ninguno las utilizó. Tras la guerra, se le preguntó a un general alemán por qué no habían lanzado gases venenosos sobre las playas del Día D. Respondió que los Aliados, a su vez, habrían envenenado a las decenas de miles de caballos de los que dependía la Wehrmacht para el transporte.

Por razones similares, EE.UU.  no utilizó armas nucleares ni en Corea ni en Vietnam. Más recientemente, Irán y EE.UU. —junto con sus aliados— mantuvieron un acuerdo tácito de no atacar las plantas desalinizadoras de agua que hacen posible la vida en el Golfo.

Por ello, creo que la Tercera Guerra Mundial, de llegar a producirse, se librará con armas convencionales. Deberíamos dejar de tomar en serio las fanfarronadas nucleares de los patrones y dejar de asustar a la gente con la perspectiva de intentar tomar el poder en un páramo apocalíptico al estilo de “Rápido y Furioso”.

—Camarada de Canadá

Lee Nuestro Folleto:

“Movilizar a las Masas para el Comunismo”

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