
Tropas del Ejército Rojo bolchevique marchan en Kiev, 1920.
La Rebelión de Kronstadt de 1921 y la Nueva Política Económica
El artículo anterior discutió errores del “Comunismo de Guerra” bolchevique. Describió cómo anarquistas se alinearon con fuerzas capitalistas en contra de los bolcheviques.
La Unión Soviética derrotó al ejército contrarrevolucionario “Blanco’ de Wrangel en noviembre, 1920. Se agudizaron otras contradicciones representando un peligro aún mayor para los bolcheviques. Y para la dictadura obrera que dirigían.
Entre 1920 y 1921 los anarquistas intentaron su “tercera revolución”. Aprovecharon el creciente descontento hacia el gobierno.
Muchos campesinos se pusieron del lado de los Rojos contra los Blancos de Wrangel. La ira ante las requisas de grano causó más de un centenar de rebeliones. Campesinos antigubernamentales coreaban, “¡No entreguéis vuestros excedentes!”.
Unos clamaban más; “¡Abajo los comunistas y los judíos!”. Algunos eran kulaks (campesinos ricos). Muchos eran campesinos pobres o de clase media. Los que los bolcheviques fallaron en ganar políticamente.
En julio de 1920, anarquistas y socialrevolucionarios amotinados encabezaron a miles de soldados en Samara (a orillas del Volga meridional) en una revuelta antigubernamental que duró hasta 1923.
En agosto, las requisas de grano causaron una revuelta campesina cerca de Tambov, al sureste de Moscú. Antónov y otros socialrevolucionarios la transformaron en una lucha armada contra el gobierno bolchevique. Entre los veintiún mil combatientes “antonovistas” había un destacamento comandado por el anarquista Yaryzhka, bajo la bandera negra.
En Ucrania, las tropas dirigidas por el anarquista Majnó derrotaron las fuerzas austroalemanas y los “Blancos”. Pero, pronto se voltearon para combatir a las tropas soviéticas. Un comandante de caballería bolchevique, Maslakov, recibió órdenes de atacar a los majnovistas; pero éste se amotinó junto con su brigada y se unió a ellos.
Para febrero de 1921, una nueva guerra civil empezaba.
El descontento entre trabajadores urbanos aumentaba. Las intensas nevadas y la escasez de combustible obligaron al gobierno a reducir las raciones de pan en un tercio. A mediados de febrero, las protestas obreras llegaron a Moscú y Petrogrado.
Entonces, el 2 de marzo, los marineros de la base naval de Kronstadt se rebelaron contra el gobierno soviético. El anarcosindicalista y anterior bolchevique Stepan Petrichenko fue el líder clave.
Muchas contradicciones impulsaron la rebelión. Estos marineros habían ayudado a la revolución bolchevique de 1917. Pero muchos ya se habían ido a defender la nueva Rusia en otros lugares. Solo como el 6 % de los de Kronstadt en 1921 eran bolcheviques. La mayoría provenían de familias campesinas. Algunos eran abiertamente antisemitas.
Los marineros, algunos bolcheviques, estaban descontentos con su comisario Raskolnikov por las reformas militares impuestas a sus unidades. Trotsky, Comisario de Guerra soviético, defendió la dependencia del Ejército Rojo respecto a los exoficiales zaristas. Terminó con su política original de que las unidades eligieran a sus oficiales. Y declaró que “los comunistas en el ejército no tienen derechos, solo deberes”.
Los rebeldes de Kronstadt enumeraron sus demandas. Los anarquistas las difundieron entre los rebeldes campesinos, desde Ucrania hasta Siberia. No todas las demandas eran controvertidas. Kalinin, un destacado bolchevique, acudió a negociar. No era ningún secreto que los emigrados “blancos” y sus patrocinadores capitalistas europeos también conspiraban.
Los marineros de Kronstadt rechazaron la ayuda de los emigrados. Esperaban recibir apoyo de los obreros y campesinos de toda Rusia. No llegó. Los líderes soviéticos intentaron neutralizar políticamente a los marineros. Luego, las tropas bolcheviques sofocaron a los que seguían en rebelión.
En mayo, Petrichenko y otros se ofrecieron como voluntarios para servir al general Wrangel. Propusieron “restaurar los logros de la revolución de marzo de 1917”. Es decir, la revolución burguesa. Eso revela el carácter de clase de la rebelión de Kronstadt. Y de su política anarquista.
Lenin caracterizó a Kronstadt ante el Décimo Congreso del Partido (que se daba en ese momento) como “una contrarrevolución pequeñoburguesa y un anarquismo pequeñoburgués”. Su peligro real residía en su “amplia influencia sobre el proletariado”. Amenazaba con “el derrocamiento de la dictadura del proletariado y la restauración del capitalismo y del antiguo régimen terrateniente y capitalista”.
Esa amenaza impulsó a los bolcheviques a reemplazar el “Comunismo de Guerra” por la Nueva Política Económica (NPE).
“Luchamos por la abolición del capitalismo y el establecimiento del comunismo”, insistió Lenin. Los bolcheviques no habían demostrado las ventajas de la producción a gran escala. Así pues, dijo Lenin, debían hacer concesiones a los pequeños productores.
La NPE fue esa concesión. Lenin la llamó “un mercado libre y capitalismo, ambos sujetos al control estatal”. Las empresas estatales socializadas operarían “sobre una base de rentabilidad”. Tenía claro que esto era un retiro.
La NPE restableció la economía monetaria. El “impuesto en especie” sobre las cosechas sustituyó a las requisiciones. Los campesinos podían comercializar sus excedentes. Se restauraron las relaciones capitalistas de trabajo asalariado, los mercados y la banca. Las raciones de alimentos se eliminaron gradualmente.
No todos los bolcheviques estuvieron de acuerdo. Kollontai la criticó en sus obras de ficción. Las fuerzas antibolcheviques reivindicaron, con razón, la NPE como una victoria.
Lenin apostó todo a mantener el poder estatal. Subestimó fatalmente el poder de las relaciones sociales de producción. En vez de asegurar el camino hacia el comunismo, la NPE ayudó a transformar a los cuadros comunistas en una nueva clase dominante capitalista.
Hoy comprendemos que la construcción del comunismo exige un partido que organice a trabajadores industriales y a soldados para movilizar a las masas más amplias por una revolución para destruir el capitalismo. Como hicieron los bolcheviques. Y, al mismo tiempo, hacer aquello que no hicieron. Preparar a las masas, tanto política como organizativamente, para construir la sociedad comunista; nada menos.
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¿Comunismo o anarquismo? (Parte III) El Estado y la Revolución: Lenin sobre la Comuna de París
¿Comunismo o anarquismo? (Parte IV) Luchando por El Poder Obrero Comunista, 1917-1918
¿Comunismo o anarquismo? (Parte V) La Rusia Soviética en 1918: Hambruna y “Comunismo de Guerra”
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